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BUENA VIDA

Canopy River, aventura del cielo a la tierra

Puerto Vallarta es el lugar idóneo para la práctica de paracaidismo, rappel, buceo, pesca, recorridos en cuatrimotos, pero sin duda una visita especial merece las actividades ecoturísticas del Canopy River con recorridos de aventura.
Beatriz Díaz
14 junio 2014 18:18 Última actualización 15 junio 2014 5:0
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Camine por puentes colgantes y suba a una tirolesa para descender a una poza de agua natural. (Fotos: Vallarta Adventures)

Los deportes extremos son, desde hace algunos años, la alternativa para salir de la rutina y disfrutar del aire libre. En este sentido, Puerto Vallarta tiene varias opciones, al ser uno de los destinos más privilegiados por la naturaleza.

Este paraíso jalisciense es el lugar idóneo para la práctica de paracaidismo, rappel, buceo, pesca, recorridos en cuatrimotos (ATV´s) pero sin duda una visita especial merece las actividades ecoturísticas del Canopy River con recorridos de aventura.

Mediante un circuito localizado en el kilómetro 4.5 en dirección a la comunidad El Jorullo es posible cruzar por senderos de tierra y entre árboles, de montaña a montaña por medio de tirolesas, descender por cuerdas en caída libre, sobre muros o cayendo a una poza natural de agua.





La aventura comienza en la zona hotelera norte, desde donde un camión acondicionado con asientos pero abierto a los costados, espera a los paseantes para conducirlos en media hora hasta los altos de la Sierra Madre Occidental.

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Al llegar, las primeras indicaciones exigen colocarse el casco de protección, los arneses y escuchar atentamente los tips de seguridad.

EL CALENTAMIENTO

El primer ejercicio se hace en una tirolesa pequeña, de unos 10 metros de largo, elevada solo a un par de metros del piso. Para que el cuerpo no gire durante el descenso, se utiliza una especie de rodillo con dos manubrios y que se coloca en la línea, de manera que los brazos queden estirados.

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A continuación viene una tirolesa más larga que cruza de montaña a montaña, de 650 metros de largo. La primera caída, de casi 100 metros de altura, enciende la adrenalina. Siempre y cuando la velocidad sea la correcta (en un peso de 90 kilos se pueden alcanzar hasta 60 kilómetros por hora), no hay problemas de frenado. Después de esperar a toda la comitiva comienza una breve caminata.

Más tarde se llega a un puente colgante de madera en donde, aunque el vértigo parecería inevitable, la seguridad de estar sujetos todo el tiempo a un cable, brinda calma. Entonces inicia el descenso en rappel: caída libre y sobre muro, momento en que se descubre para qué sirven los guantes que se han llevado colgados todo el tiempo en el cinturón.

A algunos les toma más tiempo encontrar la manera de colocar las manos y atender a la perfección las indicaciones para deslizar la cuerda, pero todos la hacen, a excepción de uno que prefiere bajar a pie por la pendiente.

El siguiente descenso, de 24 metros e instalado al pie de una roca gigante, permite bajar pero colocando los pies sobre la roca y balanceándose hacia atrás. Al estar en la actividad se descubre que no es tan difícil.

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Llega el momento de cruzar en tirolesa primero sobre un río unos 40 metros y después a lo largo del mismo en el doble de distancia, con la oportunidad de observar un bello paisaje o incluso ir de cabeza, (pregunte al guía). La tirolesa que sigue es la más húmeda ya que el participante termina, literalmente, en el agua, por lo que muchos desean repetir.

Entonces se acerca el último tramo de la odisea: el vuelo de 20 metros en un columpio en pareja cual Jane y Tarzán.

La tranquilidad llega cuando por medio llantas llamadas donas, se hace rafting por el río. Sólo basta dejarse caer sobre la llanta de espaldas pero con el trasero como primer amortiguador. La corriente natural del río conduce a todo el grupo a la última zona donde hay unas mulas, al montarlas se recorre el último tramo; ellas siguen por instinto el camino ahorrándoles a los aventureros el último esfuerzo hacia la parte alta de las instalaciones donde todo comenzó.


Para complementar la travesía

Nuevo Malecón.
Aproveche su visita a Puerto Vallarta para hacer un paseo diurno, al atardecer o por la noche. En el nuevo Malecón podrá rentar bicicletas y recorrer todo su trayecto, o bien visitar sus tiendas, bares y restaurantes.


Bahía de Banderas.
No deje de visitar la marina del puerto, desde donde zarpan las embarcaciones que se adentran en la bahía de Banderas ofreciendo actividades como paseos en lancha que incluyen esnórquel o buceo para observar la gran variedad de especies de mar.


Cultura y arte.
En el centro histórico no olvide la visita a la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada frente a la Plaza de Armas y al Palacio Municipal. Aprecie su fachada de ladrillo y la corona que lleva en lo alto sostenida por cuatro ángeles. Al interior hay hermosas obras de arte como su altar de mármol.