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Libreta de Apuntes

Brady se hace inmortal

Tom Brady duerme esta noche en la tierra de los Bienaventurados. Es la historia misma. Una postal de un tiempo, de una generación que debe sentirse orgullosa de haberlo visto lanzar. Símbolo, logotipo de un siglo que saluda a sus héroes ante los longevos Bradshaw, Staubach, Unitas. Esta noche, inolvidable, lo confirma.
Mauricio Mejía
01 febrero 2015 21:49 Última actualización 02 febrero 2015 15:10
Tom Brady empata a Montana y Bradshaw con cuatro anillos de Súper Tazón. (AP)

Tom Brady empata a Montana y Bradshaw con cuatro anillos de Súper Tazón. (AP)

Ha sido una noche maravillosa. El debate de ideas, esa colisión que llamó Vince Lombardi, ha sido dirimido de la forma más dramática e intensa. La intercepción de Butler a 20 segundos del final, con la victoria en la puerta de los cielos, otorga a Belichik y a Brady (Jugador más Valioso) su ingreso en la inmortalidad de un deporte repleto de estatuas y medallas. El primero empata a Chuck Noll como máximo entrenador en jefe con cuatro anillos de Súper Tazón; el segundo a Montana y Bradshaw con el mismo número de diplomas. Pocas veces el deporte ha logrado semejante grado de intensidad, de pasión, de coraje como en esta noche que estrena febrero de 2015.

Lo que ha sucedido hoy en Arizona será contado durante muchas generaciones, los Pats han logrado vencer a los Halcones Marinos de Seattle (28-24) durante una aventura casi griega, épica y gloriosa. En este deporte, el más militar, el más estratégico, el más elaborado, importan tanto las averías como los tinos y durante este atardecer Brady ha sido su gran rival y se ha vencido, ha logrado imponerse a sus errores, a sus defectos; sale airoso, con la mano levantada en una batalla intensa, dura, áspera, contra su lado oscuro. Fue dos veces interceptado, complicó una día de campo, y se respondió con cuatro pases de anotación (12 en su carrera; récord de la NFL en el Gran Domingo), más de 300 yardas y una percha casi única en la vida registrada de esta guerra simbólica del espíritu.

Brady duerme esta noche en la tierra de los Bienaventurados. Es la historia misma. Una postal de un tiempo, de una generación que debe sentirse orgullosa de haberlo visto lanzar. Símbolo, logotipo, de un siglo que saluda a sus héroes ante los longevos Bradshaw, Staubach, Unitas. Desde esta noche Brady, una especie de Federer, de Schumacher, de Jordan, es un domicilio de la posteridad. Y Belichick, el hijo del militar que buscaba talentos, se postra como una estatua en la vigilia de los días. Cuando todo estaba perdido, cuando Seattle, parecía dueño de sus principios, después de un gran tercer cuarto, la genialidad de los genios, no es pleonasmo, salió a flote, hay seres que parecen siempre saberlo todo, Belichick es de esos, un hombre que conoce lo debido y lo indebido y en ambos campos ejecuta la estrategia atinada, el tino, otra vez el tino.

Se hablará de los Pats por mucho tiempo, siempre ganando o perdiendo el Super Bowl por menos de cuatro puntos, pero no sólo de los fines, también de los medios. Si la crónica deportiva es maravillosa es justamente por estos momentos en los que la literatura, la filosofía y la dramaturgia no agotan tanto lenguaje, tanta emoción, tanta euforia, no es posible contener en la palabra lo que palabra quiere decir; explota, se expande, como una vorágine de adjetivos, sustantivos, preposiciones, artículos. Las palabras mortales no pueden, a veces, copiar lo que sucede en los momentos climáticos de los duelos deportivos, es por eso que esta disciplina genera tanta unanimidad: el deporte es la metafísica del hombre. Y esta noche, en Arizona, el hombre ha encontrado una lección de pundonor, de honor, de admiración. Nueva Inglaterra ha logrado imponerse ante un rival caballero, señor, almirante. Y lo ha hecho bajo las reglas más ejemplares: la insistencia, la disciplina y la terquedad.

Los Pats, espina y herida, echaron para abajo la leyenda de los balones desinflados para dar ejemplo de los valores máximos del deporte: no claudicaron nunca y siempre impusieron el talento a la adversidad. Esta noche, después de un maravilloso espectáculo de medio tiempo, el deporte ha edificado una de sus más genuinas expresiones. Ha sido un día maravilloso. Y Brady y Belichick, como voces cantantes de un gran equipo, demuestran que los dioses eligen a los que perseveran, a los que combinan el talento con la constancia. Las empresas deberán desde hoy poner el video del juego para alentar en todos sus integrantes la ilusión por un objetivo común. El deporte es una gran lección de humanidad.
Esta noche, inolvidable, lo confirma.