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Bösendorfer: el Rolls-Royce de los pianos

Una de las claves que distinguen el sonido del Bösendorfer es la manufactura de su interior. Los pianos de alta calidad de otras casas utilizan mecanismos de la marca Renner, de origen alemán; pero en el caso de la marca austriaca, todas sus partes son fabricadas de manera artesanal en sus talleres.
María Eugenia Sevilla
13 julio 2014 21:5 Última actualización 24 julio 2014 21:42
“Cada piano suena diferente y eso se debe a su tecnología”, explica en entrevista Tomas Veerkamp, director de Casa Veerkamp. (Fabián García)

“Cada piano suena diferente y eso se debe a su tecnología”, explica en entrevista Tomas Veerkamp, director de Casa Veerkamp. (Fabián García)

El piano ha sido siempre un símbolo de estatus. Más allá de ser un instrumento privilegiado por su capacidad polifónica y amplitud tonal, es un mueble bello. La estadística mundial indica que el 50 por ciento de los pianos se compran con un fin decorativo. Una decisión que, en el 90 por ciento de los casos, es tomada por la mujer,de acuerdo con cifras de la estadounidense Asociación Nacional de Comerciantes Musicales (NAMM, por sus siglas en inglés).

Pero cuando de excelencia se trata, nada supera a un Bösendorfer. La finura de su sonido es reconocida como la más exquisita.

“Cada piano suena diferente y eso se debe a su tecnología”, explica en entrevista Tomas Veerkamp, director de Casa Veerkamp, distribuidora exclusiva en México de la marca vienesa que, fundada en 1828, es una de las más antiguas.

Una de las claves que distinguen el sonido del Bösendorfer es la manufactura de su interior. Los pianos de alta calidad de otras casas utilizan mecanismos de la marca Renner, de origen alemán; pero en el caso de la marca austriaca, todas sus partes son fabricadas de manera artesanal en sus talleres.

Cada ejemplar está diseñado para durar al menos 100 años -bajo las condiciones adecuadas- y su confección lleva un año de trabajo, en promedio. Materias primas de la más alta calidad se aúnan a una expertise que se remonta a siglos de tradición, que han depurado su tecnología.

“Mientras más fina es la acción, el golpe a la cuerda dentro del piano es más delicada”, explica Veerkamp. Algo fundamental si se piensa que el mecanismo, que es lo que crea el particular sonido del instrumento, será sometido por décadas a una gran presión. Dice Ferdinand Bräu, director técnico de la marca: “Una cuerda está sujeta a 750 newtons; con 250 cuerdas, un piano debe soportar varios miles de kilogramos de presión”.

Son, pues, los pianos más caros del mercado. Su precio va de 500 mil pesos por un piano vertical, hasta millones, a decir de Veerkamp. En comparación, Steinway and sons, la segunda marca más prestigiada del mundo, cuesta 50 mil pesos menos. En México, añade, se venden uno o dos al año y sólo sobre pedido. Como no están en exhibición, si el cliente desea ver uno antes de comprarlo, la tienda tiene un programa en el que lo llevan a Austria durante tres días.

Bösendorfer fabrica entre 120 mil y 130 mil pianos al año y es uno de los pocos ateliers que se mantienen en Europa. China ha conquistado este mercado y es el país que más pianos compra per cápita. “Fabrica 300 mil al año, de los cuales 200 mil se quedan ahí”, afirma Veerkamp. Pese al estigma que aún cargan, la calidad de los instumentos chinos ha mejorado, advierte, ya que muchas casas europeas se han mudado al Gran Dragón para abaratar costos, bajo la revisión de sus expertos.

La casa austriaca suele dar gusto a las especificaciones del comprador. Incluso a sus obsesiones. El poder de seducción de estas joyas es tal que uno de sus fanáticos mexicanos, recuerda Veerkamp, mandó construir su casa alrededor de su nuevo Bösendorfer Imperial. La marca también impulsa colaboraciones con marcas como Swarovski, Audi o Porsche Design. También desarrolla pianos digitales, pero lo que impera son los modelos clásicos, favoritos de los grandes
concertistas.

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El Bösendorfer 290 Imperial es el modelo más grande fabricado por la firma; durante 90 años fue el único piano de cola en el mundo con 97 teclas.