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Bob Dylan, el Nobel para el rabí

Frente a la intolerancia de Donald Trump, la Academia Sueca coloca el reflector sobre el icono de los valores libertarios de Estados Unidos.
Eduardo Bautista
13 octubre 2016 22:39 Última actualización 14 octubre 2016 5:0
La heterodoxia de la Academia al reconocer a un poeta de la oralidad y de la música ha vuelto a colocar a Dylan en polémica. (Óscar Castro)

La heterodoxia de la Academia al reconocer a un poeta de la oralidad y de la música ha vuelto a colocar a Dylan en polémica. (Óscar Castro)

Bob Dylan llegó a Nueva York en enero de 1961, durante uno de los inviernos más crudos en la historia de Estados Unidos. Las probabilidades de que un chico judío con apenas poco más que una guitarra y una mochila triunfara en la industria musical eran escasas. Más de medio siglo después se demostraría lo contrario: Robert Allen Zimmerman no sólo se convertiría en la voz que transformó la lírica estadounidense del siglo XX, sino en el primer cantautor en ganar el Premio Nobel de Literatura.

La decisión de la Academia Sueca podría entenderse también como un reconocimiento al pensamiento libertario del cantante, quien personifica la pluralidad cultural de Estados Unidos; la misma que Donald Trump ha denostado a través de sus discursos xenófobos, que habrían herido igualmente a los migrantes lituanos de los que Dylan es descendiente, considera el poeta y narrador Vicente Quirarte.

La entrega del Nobel, apunta, es un buen momento para que Estados Unidos analice la importancia de la comunidad latinoamericana. “El pensamiento progresista de Dylan es la garantía de que aún existe diversidad cultural en Estados Unidos, un país que se ha hecho grande gracias a las migraciones. Si el premio pretende afectar la candidatura de Trump, bienvenido”.

El editor de Alfaguara, Julio Trujillo, también hace notar el cariz político del galardón: “Es una postura contra Trump; un espaldarazo a la pluralidad, la apertura y la incorporación de los migrantes. El contexto social y la resonancia de Dylan fueron fundamentales para la decisión de los jueces”.

“Blowin’ in the Wind es exactamente lo contrario al fascismo de Trump”, coincide el escritor Hernán Lara Zavala.

CUANDO EL POP SE VOLVIÓ CONSCIENTE
Profeta de la canción de protesta. Así le llamó el periodista británico Dorian Lynskey a quien entre acordes de guitarra narró, en The Ballad of Emmet Till, la historia de un muchacho negro de 14 años golpeado y asesinado en Misisipi en 1955, por haber silbado al lado de una mujer blanca.

“Dylan influye al pop cambiando el discurso, pero también la forma de decir las cosas”, destaca el crítico musical Octavio Echávarri.

“Representa la rebeldía en todos los sentidos. Luchó por los derechos civiles de muchos grupos sociales. Fue un típico judío americano que supo asimilar la cultura de la pluralidad”, añade Lara Zavala.

Influido desde que rondaba los 20 años por Arthur Rimbaud, Robert Graves y Bertolt Brecht, y por su contacto los poetas de la Generación Beat, algunas de sus canciones, dice Hernán Lara Zavala, son provocadoras, burlonas, incluso surrealistas.

“Asimiló el espíritu beat con mucha espontaneidad. Mientras Los Beatles cantaban I Want To Hold Your Hand, él cantaba Like a Rolling Stone; vaya que sí hay una diferencia”.

Igual que los beat, el trovador recorrió todos los rincones de Estados Unidos. Pero fue específicamente en Newport, el 26 de julio 1963, cuando se alzó como el ídolo del folk frente a las clases obreras de Rhode Island. Dos años después se convertiría en un traidor por haberse atrevido a tocar con instrumentos eléctricos. Pete Seeger –recuerda el periodista Dorian Lynskey en su libro 33 revoluciones por minuto. Historia de la canción de protesta– quería cortar los cables de su guitarra con un hacha. El poeta de folk se había convertido al rock.

“Musicalmente se le ha dado por muerto varias veces y siempre ha resurgido”, asegura Echávarri, quien destaca los dos últimos álbumes del artista, Shadows in the Night (2015) y Fallen Angels (2016), en los que con su característica voz nasal aborda los éxitos que inmortalizaron Frank Sinatra y otros grandes crooners estadounidenses. “Son muestra del atrevimiento que siempre lo ha caracterizado”.

La heterodoxia de la Academia al reconocer a un poeta de la oralidad y de la música ha vuelto a colocar a Dylan en polémica. “Todavía hay mucha gente que cree que la literatura sólo puede existir en los libros”, lamenta Trujillo.

“Sus canciones son el testimonio de una generación; levitan en el viento y están inscritas en la memoria de todos los hombres. Es uno de los grandes poetas de la humanidad, pues representa el triunfo de la poesía en la cotidianidad. Porque la poesía nació para ser cantada”, agrega Quirarte.