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Beckett y su alegoría de la libertad, desde la cárcel

La obra cumbre del irlandés Samuel Beckett cobra un nuevo sentido cuando la escenifican actores que purgan sentencias en la prisión. 'Esperando a Godot', de Samuel Beckett, es la máxima pieza del teatro del absurdo.
Rosario Reyes
10 mayo 2017 22:15 Última actualización 11 mayo 2017 5:0
Fidel Gómez Pérez (centro) afirma que hacer teatro dentro del reclusorio le ha permitido mantenerse por 9 años fuera de las celdas de castigo. (Cortesía)

Fidel Gómez Pérez (centro) afirma que hacer teatro dentro del reclusorio le ha permitido mantenerse por 9 años fuera de las celdas de castigo. (Cortesía)

Fidel Gómez Pérez, el Mandi, pasó 15 años en celdas de castigo en el reclusorio de Santa Martha Acatitla, -donde paga una pena de medio siglo-, por su comportamiento antisocial. Una y otra vez caía en el hoyo, hasta que el teatro llegó a la cárcel.

Es miembro de la Compañía de Teatro Penitenciario desde su fundación en 2009, y antes de convertirse en actor era, en sus propias palabras, “una pesadilla nuclear”. Así se veía a sí mismo el ex integrante de la famosa pandilla de los años 80, Los Panchitos.

Hace ocho años que los presos que participan en la compañía dirigida por Ítari Marta -quienes cumplen sentencias hasta de 70 años- conocen otra forma de ser libres. Por eso, montar en una prisión una alegoría sobre la libertad como Esperando a Godot, de Samuel Beckett, la máxima pieza del teatro del absurdo, cobra en ellos coherencia.

“La libertad es necesaria en la acción, no nada más en el pensamiento, y en ese sentido, estamos tratando de encontrarla”, dice Marta.

Una anécdota sobre la que Beckett escribió en su libro de notas de la obra inspiró el montaje que la Compañía de Teatro Penitenciario estrena este sábado en las instalaciones del penal: en Suecia, a mediados de la década de 1950, un director escenificó Esperando a Godot en una prisión con tanto éxito, que logró llevarla al Teatro Nacional. Fue una función única, en la que los actores internos tuvieron un día libre. Esa temporada fue un orgullo para Beckett, porque tras la presentación, los actores escaparon y nunca más volvieron a la cárcel.

ACUDA
Para asistir a las funciones de ésta u otras obras de la Compañía de Teatro Penitenciario en el penal de Santa Martha Acatitla, hay que reservar con 10 días de anticipación en:
teatroyprision@foroshakespeare.com, o al 5566-0102. Costo: $250.

“Es una obra muy difícil de hacer y a lo mejor, será uno de nuestros proyectos más criticados, pero también es nuestro riesgo. Esperando a Godot estaba en mi lista; así como Ricardo III (que también forma parte del repertorio de la compañía), era una de las obras que yo sabía que tenía que hacer”, comparte la directora, quien este fin de semana estrena una versión de La gaviota, de Antón Chéjov y reestrena En casa en el zoo, de Edward Albee, ambas en el Foro Shakespeare, como actriz.

TEXTO PELIGROSO
-¿A dónde vas?
-A ninguna parte.
-Voy contigo.
En un sitio al aire libre, junto a un árbol, Vladimir y Estragón tienen conversaciones aparentemente sin sentido mientras aguardan por alguien o algo que nunca llega. Por ahí pasan Pozzo, que se proclama dueño del lugar, y Lucky, su sirviente. También, un niño que trae noticias de Godot. Pero Godot no llegará.

Diversas interpretaciones del texto aseguran que se trata de una obra sobre la soledad y la desesperanza, escrita en tiempos de la Segunda Guerra Mundial por un autor que perteneció a la Resistencia francesa y fue perseguido por la Gestapo. Pero la lectura que Ítari Marta y la compañía hacen de la obra es, por el contrario, esperanzadora.

Hablar de libertad en la cárcel no es tan difícil como cuestionar el sentido de la vida, advierte la directora, quien enfrenta su montaje más complicado en Santa Martha, después de haber dirigido allí Cabaret Pánico, Ricardo III y El Mago Dioz.

“Nos costó mucho trabajo hacerle frente a la dureza del texto. Hubo momentos en los que lo cambiamos porque, si lo dijéramos como está escrito, muy probablemente (los internos) no podrían actuarlo”, comparte.

Un pasaje en el que los protagonistas hablan de la posibilidad de colgarse del árbol puede ser demoledor para una persona que está en prisión.

“Muchos están continuamente pensando en quitarse la vida. En ese diálogo sobre el suicidio, los personajes hablan de excitación y eyaculación, de la cual saldrían semillas para plantar más árboles; es decir, un mismo acto puede tener distintos sentidos: la muerte o la creación”, dice Marta.

Así que en el trabajo de mesa enfrentaron también una reflexión sobre la muerte. “¿Por qué piensan en ella dentro de la cárcel?, ¿por qué ver la vida como algo acabado? Llegamos a conclusiones como la posibilidad de que el texto hablara de una muerte simbólica, para volver a crearnos a nosotros mismos. Y en ese tipo de reflexiones seguimos”.

En el teatro del absurdo, la corriente fundada por Beckett a principios de la década de 1950, cuando ya había publicado las novelas Molloy, Malone muere y El innombrable, aparentemente no pasa nada. Como sucede a veces en la vida. Por eso es contundente y sacude al espectador.

“Esta obra habla de la voluntad de ser libre. De tomar decisiones y acciones. Habla del tiempo y de lo que hacemos con él; de ese tiempo que uno deja pasar sin realmente cambiar la realidad o la circunstancia en la que nos encontramos”.

La Compañía de Teatro Penitenciario ofrece funciones los sábados en el Teatro Juan Pablo de Tavira del penal de Santa Martha. La taquilla es para los actores como parte de una estrategia de reinserción social.