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culturas

Barthes y el deporte... y los toros

Donde todo significa, el juego es mitología; un espectáculo en el que, dice el semiólogo francés, el hombre no sólo se enfrenta al hombre, sino a la resistencia de las cosas.
Mauricio Mejía
22 marzo 2017 21:35 Última actualización 23 marzo 2017 5:0
(Especial)

(Especial)

Cinco preguntas kantianas, como las que podría formularse Oliver Kahn, exportero de la Selección alemana, bajo los tres palos en un partido contra Irlanda, en donde habita el frenesí. Todo es juego; no hay huida posible a la clase de educación física, que no sabe de esquemas ni apuntes. Al servicio, Roland Barthes, el Björn Borg de la semiología: ¿Qué necesidad tienen estos hombres de atacar? ¿Por qué a los hombres les emociona este espectáculo? ¿Por qué participan tanto? ¿A qué viene este combate inútil? ¿Qué es el deporte? Cinco dudas, como jugadores de baloncesto. Y las respuestas –es Roland Barthes- vienen de un sexto punto. Creta, quizá. El Toro, mejor.

(El reportero juega. Las preguntas son del mismo Barthes; las respuestas se han formulado con el guion que realizó en 1961 para la cinta del canadiense Hubert Aquin, Del deporte y los hombres, y que editó Paidós en español en 2008).

“La corrida –dice el mismo que habla del tránsito, no del hombre- no es exactamente un deporte y, sin embargo, tal vez sea el modelo y el límite de todos los deportes: elegancia de la ceremonia, reglas estrictas del combate, fuerza del adversario, ciencia y coraje del hombre, todo nuestro deporte moderno está en este espectáculo de otra época, heredado de los antiguos sacrificios religiosos”.

¿Qué necesidad tienen los hombres de atacar?
La corrida les dirá a los hombres por qué el hombre es el mejor. Primero porque el valor del hombre es consciente. La segunda porque la superioridad del hombre es su ciencia. El toro no conoce al hombre, pero el hombre sí conoce al toro. Hay algo en el trabajo del diestro: el estilo. ¿Qué es el estilo? Es convertir un acto difícil en un gesto lleno de gracia, es introducir un ritmo en la fatalidad. Es un ser valiente, es dar a lo que es necesario la apariencia de libertad. La corrida es la victoria del hombre sobre la ignorancia, el miedo y la necesidad.

¿Por qué a los hombres les emociona este espectáculo?
En los autos, el hombre celebra al vencedor de un enemigo mucho más sutil: el tiempo. La relación del hombre con la máquina es infinitamente cautelosa: lo que se decidirá muy de prisa debe ensayarse primero muy lentamente, pues la velocidad es siempre la recompensa de una lentitud extrema; primero hay que asegurarse de que los mandos funcionan. No sólo el corredor lucha contra el tiempo, sino todo el equipo. A ellos se deberá en parte la victoria. En este combate del hombre contra el tiempo no hay furor: sólo un coraje inmenso luchando contra la inercia de las cosas. De ahí que la muerte de un corredor sea infinitamente triste, pues no es únicamente un hombre el que muere, es un poco de perfección la que desaparece de este mundo. El deporte más mortífero también es el más generoso.

¿Por qué participan tanto?
Por su extensión, el Tour está incorporado a la Francia profunda: en él, cada francés revive sus casas y sus movimientos, su presente provinciano y su pasado antiguo. El escenario del combate es toda Francia. Cada año reunifica materialmente a su país, hace inventario de sus fronteras y sus productos. Porque hay que beber y comer sin detenerse. Y aunque los corredores no pueden beber vino, el vino tiene que estar presente en el Tour, porque el Tour es toda Francia. Cada día tiene su batalla y cada tarde su vencedor: agua, flores y besos... Lo cual significa que el hombre no sólo se enfrenta al hombre, sino a la resistencia de las cosas.

¿A qué viene este combate inútil?
Parece que los niños se pelean, pero no hacen más que aprender a vivir en su país, y lo que las madres siguen con la mirada en los primeros gestos adultos de sus vástagos no es tanto la suerte de una batalla como el desarrollo de una iniciación. Todas las maniobras previsibles son objeto de una lección: atrapar la pelota al vuelo (hockey, que el francés conoce poco) y conducirla salvando mil obstáculos... También se aprende a marcar un gol...

¿Qué es deporte?
El deporte es todo el trayecto que separa un combate de un motín. Llueve sobre Inglaterra y, sin embargo, toda se ha echado a la calle. ¿Por qué? Porque hay futbol en Wembley. En ciertas épocas, en ciertas sociedades, el teatro tuvo una gran función social: reunía a toda la ciudad en una experiencia común, que era el conocimiento de sus pasiones. Hoy esta función la cumple, a su manera, el deporte. Pero hoy la ciudad ha crecido: ya no es una ciudad, es un país, y muchas veces, por decirlo así, el mundo entero: el deporte es una gran institución moderna metida en el molde ancestral del espectáculo.
Extra. Hexágono. Sextante.

¿Por qué hay que amar al deporte?
Conviene recordar en primer lugar que todo lo que sucede al jugador también sucede al espectador. En el deporte el hombre vive el combate fatal de la vida. A veces quiere decirle otras cosas, pero el deporte sirve, en última instancia, para expresar el contrato humano.