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Bailarines no vendrían a México sólo por ser sirios

El Primer Festival Internacional de Danza de la Ciudad de México (FIDCDMX) da inicio hoy con la ausencia de la compañía siria de Ahmad Shaaban; ningún aeropuerto europeo les concede escala a los bailarines.
Eduardo Bautista
28 julio 2016 20:42 Última actualización 29 julio 2016 5:0
Según los organizadores, Ahmad Shaaban Company es uno de los grupos de danza contemporánea más propositivos de Medio Oriente. (Cortesía)

Según los organizadores, Ahmad Shaaban Company es uno de los grupos de danza contemporánea más propositivos de Medio Oriente. (Cortesía)

Ser sirio no es fácil. No importa qué tan lejos se viva de la guerra: ésta siempre encontrará la manera de hacerse presente. Es la lección que ha aprendido Ahmad Shaaban, bailarín y coreógrafo invitado al Primer Festival Internacional de Danza de la Ciudad de México (FIDCDMX), al que posiblemente no pueda llegar por falta de una visa de tránsito.

A raíz de los recientes atentados terroristas del Estado Islámico en Europa y Medio Oriente, los sirios se han enfrentado a distintos problemas en los aeropuertos de todo el mundo. Tener un pasaporte de ese país se ha convertido en un calvario. Shaaban hoy se encuentra varado en Beirut -donde vive en calidad de refugiado-, junto con otros tres bailarines de su país.

Ni Berlín ni Ámsterdam ni Londres. Todos se rehúsan a dar suelo a los sirios para hacer escala. La situación se torna complicada y los directores del encuentro, Rodrigo González y Raúl Támez, no tienen contactos diplomáticos. La representación de México en Líbano les ha dicho que no son aptos para que les otorguen las visas de los artistas sirios. “En la Embajada me pidieron mis cuentas bancarias, pero no promedian 73 mil pesos al mes. Se las envié en original por paquetería y les parecieron insuficientes”, comparte González.

La última opción que queda, dice, es acudir al Instituto Nacional de Migración. “Estamos analizando la posibilidad de trasladarlos por Moscú, pero los precios de los boletos de avión se elevan hasta 80 mil pesos”, lamenta Támez.

Según los organizadores, Ahmad Shaaban Company es uno de los grupos de danza contemporánea más propositivos de Medio Oriente. Se iba a presentar esta noche en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, una de las sedes del festival, pero el espectáculo ha tenido que ser pospuesto hasta nuevo aviso.

El caso no deja de ser irónico. La pieza coreográfica que habían preparado se llama Human Boxes, y habla justamente sobre los horrores de la guerra y la imposibilidad de expresarse en una Siria atestada de violencia y encono social. Ni siquiera en México podrán contar sus historias.

“En Siria conocí a varios bailarines que tuvieron que abandonar la danza para irse al combate. A muchos otros les asesinaron a sus padres. Esa clase de historias son comunes allá. Algunos viven refugiados en Líbano”, cuenta González, quien asegura que el trabajo de Ahmad Shaaban Company es fundamental para entender la visión que tienen los jóvenes sirios sobre el mundo que les rodea.

Según cálculos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), más de 4.8 millones de sirios han tenido que abandonar su país debido a la guerra civil que explotó en 2011 entre el gobierno del presidente Bashar al-Asad y grupos rebeldes. El terror, además, se ha visto atenuado por la presencia del Estado Islámico, cuyo centro operacional se ubica en la ciudad de Raqqa, que constantemente es bombardeada por las fuerzas aéreas de Francia, Estados Unidos y Rusia.

“El único problema al que nos enfrentamos es que tienen pasaporte sirio. Las fronteras europeas están bloqueadas para ellos. Ni qué decir de las de Estados Unidos”, asegura Támez.

UN FESTIVAL DE FACTURA ARTESANAL
La situación de los sirios y la falta de apoyo de las autoridades mexicanas es sólo un botón de muestra de las vicisitudes que han tenido que enfrentar los organizadores para realizar el encuentro que desde hoy y hasta el 24 de agosto presenta 20 compañías: 10 de Japón, Estados Unidos, Italia, Venezuela, Israel, Taiwán, Escocia, España, Austria y otras tantas de México.

Para lograrlo ambos invirtieron de su bolsillo entre 150 y 200 mil pesos. Cuenta González que se acercaron a la Secretaría de Cultura para pedir recursos, pero se toparon con que únicamente se otorga dinero a aquellos festivales que ya cuentan con un historial de cinco ediciones. Pero sí les brindó apoyo en especie, con el Teatro de la Ciudad.

Algunas embajadas, como las de España, Israel, Japón y Austria, aportaron los boletos de avión de sus respectivos artistas. Pero también hubo viajes que debieron pagar ellos mismos.

Para resolver el hospedaje, algunos bailarines se están quedando en casas de amigos o habitaciones de hoteles que estaban en promoción.

“A la iniciativa privada no le interesó. En países como el nuestro, con tanta desigualdad y descontento, el entretenimiento radica en distraerse de la realidad. La danza contemporánea, por esencia, es transgresión. Y lo que menos quiere ver un país roto es más ruptura”, comenta Támez.