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CULTURAS

¡Ay, Vicente Leñero!

México se despidió ayer de uno de los grandes pilares de las letras mexicanas: Vicente Leñero. Su obra pasará a la posteridad en diversos ámbitos: cine, literatura, periodismo y teatro. De esa envergadura era el hombre que se nos fue. 
Redacción
03 diciembre 2014 22:10 Última actualización 04 diciembre 2014 5:0
Vicente Leñero fue un edificio del periodismo contemporáneo. (Cortesía)

Vicente Leñero fue un edificio del periodismo contemporáneo. (Cortesía)

A la partida de Vicente Leñero siguió el silencio. Amigos, allegados y colegas enmudecieron, declinaban pronunciar una palabra, entre disculpas entrecortadas. ¿Cómo hablar cuando calló el de la voz valiente?

Leñero falleció cuatro minutos antes de las nueve de la mañana en su hogar, la entrañable casa donde pasó su niñez en San Pedro de los Pinos. A principios de año le habían diagnosticado cáncer de pulmón, pero quiso mantener la noticia con discreción. Agravó hace 10 días, mismos que dedicó a su esposa y a sus cuatro hijas, Estela, Isabel, Eugenia y Mariana.

Afuera de su casa de siempre, en Avenida 2, la prensa aguardaba alguna palabra desde la mañana. El proceso funerario corría de forma privada. Sus restos fueron recogidos por una carroza a las 11:00 horas y llevados a cremar.

Fue hasta las cinco de la tarde que Mariana cruzó la puerta. Fue breve. “Ayer nos dio un regalo, estuvo de buen humor, aunque no se podía reír mucho, reía. Siempre fue generoso, y nos regaló un buen día. Murió en paz”, dijo. También aseguró que la biblioteca de su padre permanecerá en su casa.

Alrededor de las seis de la tarde, Estela Leñero salió de la casa y se dirigió a la iglesia de San Vicente Ferrer, el templo que el periodista frecuentó durante toda su vida, el mismo donde sus padres se casaron y donde hoy a las 19:00 horas se celebrará una misa, tras el homenaje que se le rendirá en el Palacio de Bellas Artes. Será el espacio para que sus amigos puedan despedirse, ya que muchos de ellos, el día de su deceso se encontraban en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde ayer se declaró un luto permanente en la sala de prensa.

Los vecinos de la zona mostraron su pesar. Vicente Leñero era el personaje más distinguido de la colonia.

A la casa sólo llegaron familiares cercanos, entre ellos sus yernos, el actor Jesús Ochoa, quien fue el primero en salir sin decir palabra, y el cineasta Víctor Ugalde, quien comentó a los medios que la voluntad de su suegro había sido que lo cremaran y que la familia decidió permanecer tranquila y reunida, como él lo deseó, haciendo voto de silencio.

Silencio. Un gesto de congruencia con la pérdida de Vicente. De todos los Vicentes agudos y generosos que encarnó, siempre con lucidez y desde la defensa de lo justo, desplegando la pluma como novelista, hombre de periodismo, dramaturgo y guionista; un pilar cinematográfico cuya generosidad alcanzó para revisar, comentar e incluso trabajar en buena parte de los libretos que se llevaron a la pantalla en las últimas dos décadas.

“Perdemos a uno de nuestros grandes novelistas, a un maestro del periodismo, a un escritor de asombrosa versatilidad que ha dejado una gran huella en la literatura mexicana y en la escena periodística contemporánea. Leñero supo manejar géneros de largo aliento y a la vez ser autor de cuentos extraordinarios, de crónicas con un valor enorme desde un punto de vista literario. Es una pérdida que nos afecta en este año que estuvo marcado por la muerte de grandes escritores de su generación”, señaló el poeta José María Espinasa.

Aunque siempre negaba su lado novelístico, advirtió el escritor Fabrizio Mejía. “Los albañiles, por ejemplo, fue un premio Seix Barral, pero él decía: ‘me lo dieron porque el mercado necesitaba un mexicano’”.

La modestia lo vistió siempre. Como hace un año, cuando declinó que se le rindieran homenajes por sus 80 años de vida. Como cuando insistía en desvincularse del boom latinoamericano por considerarlo una estrategia de mercado. “Pero Los albañiles es una de las novelas canónicas del boom, al igual que Rayuela o Cien años de soledad”, sostuvo Mejía, quien dejó inconcluso un guión sobre Díaz Ordaz que trabajó con el cineasta Sebastián del Amo y con Leñero hasta que éste cayó enfermo de gravedad. “Pero vamos a retomarlo, será un homenaje”, adelantó el escritor.

Como ingeniero –una carrera que fue su primera formación– Leñero fue un innovador en la creación de estructuras, habilidad que trasladó al terreno de la narrativa en diversos géneros.

El callejón de los milagros es un parteaguas en la historia de los guiones como propuesta de estructura cinematográfica”, observó el guionista Marco Julio Linares. “Siempre conjugó su gran formación como periodista, como dramaturgo y como literato. Era además una persona de una sola pieza, con una ética sólida, con una moral precisa y con una congruencia de las que se necesitan en el país”.

Así lo recordó también Ignacio López Tarso, protagonista y coproductor de la versión cinematográfica de Los albañiles, que también llevó al escenario. “La presentamos en la Unidad Tlatelolco con mucho éxito, con José Carlos Ruiz, Luis Aragón, Salvador Sánchez, un reparto grande y muy bueno. Luego la adaptó al cine por encargo mío y la cinta fue premiada en el Festival de Cine de Berlín con el Oso de Plata, el cual recibimos el director Jorge Fons, Katty Jurado y yo”, dijo el actor. “Era un hombre de gran categoría intelectual”.

El gremio teatral reconoce a Vicente Leñero como fundamento de la dramaturgia mexicana contemporánea. “También fue un gran adaptador, por ejemplo, llevó al teatro la novela Las noches blancas, de Fiódor Dostoyevski, en la que participé, bajo la dirección de Manuel Montoro”, recordó el actor Arturo Beristáin, quien con Luis de Tavira hizo una versión de El martirio de Morelos. “En ese momento, el presidente Miguel de la Madrid tenía como bandera de su mandato la figura de Morelos, y no le gustó (lo que se mostraba en la obra), por lo que fue censurada”, añadió. En esa ocasión, acotó Mejía, la policía entró a Ciudad Universitaria, donde se presentaba el montaje, para su cancelación.

“Fue un hombre sumamente comprometido con todo lo que hizo, lo que creó y sembró en muy diversos rubros, un hombre que amaba todo lo que hacía, pero sobre todo amaba a su país y se preocupaba por él”, destacó Blanca Guerra, presidenta de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.