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"Aura", la ópera de Mario Lavista, se tocará en Japón este noviembre

"Se estrenó hace veintitantos años y fue una temporada y se acabó, nunca más se ha vuelto a dar. Siempre pensé en seguir escribiendo óperas como lo hace de manera ejemplar Federico Ibarra", dijo el compositor.
María Eugenia Sevilla
18 mayo 2014 22:19 Última actualización 19 mayo 2014 14:28
La ópera basada en la novela de Carlos Fuentes, sólo tuvo una temporada en el Palacio de Bellas Artes, en 1988. (Braulio Tenorio)

La ópera basada en la novela de Carlos Fuentes, sólo tuvo una temporada en el Palacio de Bellas Artes, en 1988. (Braulio Tenorio)

Con casi 50 años de trayectoria, Mario Lavista, Premio Nacional de Ciencias y Artes y miembro de El Colegio Nacional, tiene aún pendientes importantes en el tintero. La ópera es uno de ellos.

Después de estrenar “Aura”, basada en la novela de Carlos Fuentes, que sólo tuvo una temporada en el Palacio de Bellas Artes en 1988, ha dejado el género de lado por dificultades para lograr la puesta en escena. Esa es una de sus quejas.

Va liquidando, eso sí, otras deudas profesionales. El viernes pasado, el programa inaugural del Foro Internacional de Música Nueva Manuel Enríquez incluyó el estreno en México de “Tres cantos a Edurne”, su más reciente obra religiosa, que dedicó a la Virgen de las Nieves.

-¿Cómo surgió su interés por el género religioso?
“Toda mi vida he tenido un interés por la música religiosa. Como oyente por el canto gregoriano, una de las grandes creaciones humanas. Comparable a las grandes catedrales góticas”.

-¿Y como compositor?
“En 1980 tuve una pena muy grande por la muerte de mi tío Raúl Lavista y sentí la necesidad de rendirle un homenaje. Surgió así este Lamento para flauta baja. Ahí comenzó una serie de lamentos, después comencé a frecuentar otros géneros de música religiosa de tipo coral hasta llegar, en 1995, a escribir una misa. La última es, justamente, Tres cantos a Edurne”.

-¿Es muy religioso?
“Me siento muy cercano a toda la música religiosa, pero esto coincide, curiosamente, con un alejamiento casi total de la Iglesia católica. A mi juicio, se ha convertido en una institución impresentable, una vergüenza cuya cereza en el pastel es la canonización vía fast track de Juan Pablo II, gran protector de pederastas y de Marcial Maciel. Se dio como para ya no tocar el asunto nunca más porque no puede tocar a un santo…”

-¿Su interés es espiritual?
“Soy muy cercano a la religiosidad más allá de dogmas y de ideologías. Una de mis grandes y más profundas experiencias sigue siendo asistir a Nôtre Dame, a una misa cantada. De la misma manera en que existen espacios arquitectónicos sagrados, como una catedral gótica cuyas proporciones y geometría están pensadas para crear un espacio sagrado, también la gran música religiosa es capaz de crear un espacio sonoro sagrado. Álvaro Mutis decía que la música es una forma de oración…”

-¿Tenemos directores de orquesta que comprendan el espíritu de la época?
“Dudo mucho de los especialistas en música contemporánea. Hay grandes músicos que están interesados en ella, y ha habido muchos. Es importante que el intérprete que dirige la música esté familiarizado con los lenguajes actuales, pero también es fundamental que le guste lo que va a dirigir. No creo que se deba forzar a un dirigir una obra por el hecho de ser contemporánea. El compositor está en manos de los intérpretes, de lo contrario nuestras obras serían como un libro que nadie lee”.

-¿Hay suficiente exposición orquestal contemporánea?
“Lo que creo que falta en este sentido son grabaciones. Las orquestas rara vez graban música contemporánea. Debería haber un volumen con la obra completa de Manuel Enríquez, de Gutiérrez Heras, mucha música de Chávez, sobre todo su último periodo del que se conoce muy poco y que rara vez se toca. Conservar la música y ponerla disponible por computadora es algo que ya se debería hacer”.

-Krzysztof Penderecki dijoque después de la vanguardia de su tiempo, nadie ha hecho nada nuevo. ¿Estaría de acuerdo?
“No estaría muy de acuerdo. ¿Cómo que no está pasando nada? Pasó Ligeti, que hizo una obra para 120 metrónomos, ¿qué más vanguardia que eso? Hay momentos en los que se ponen en tela de juicio valores largamente aceptados, como la definición misma de música; a las épocas de gran pregunta les llamamos vanguardia. Siempre ha habido eso, no sólo en el siglo XX: el paso del siglo XIII al XIV fue el paso del “ars antiqua al ars nova”; o el paso del Renacimiento al Barroco, con Monteverdi, cuando se inventa la ópera, una cosa novedosísima que el hombre anterior no entendería. Se creó en esa época el lenguaje de la tonalidad, la “seconda prática” y se inventaron nuevos símbolos para la escritura. Siempre ha habido esos momentos de tensión y después de relajación, en los que el músico, más tranquilo, compone tratando asimilar ese lenguaje.

-¿Por qué sólo escribió "Aura"?
“Porque es muy complicada la puesta en escena, se necesita dinero, cantantes, orquesta, coro. ‘Aura’ se estrenó hace veintitantos años y fue una temporada y se acabó, nunca más se ha vuelto a dar. Siempre pensé en seguir escribiendo óperas como lo hace de manera ejemplar Federico Ibarra. Pero luego pensé, bueno, y si no las van a poner en escena, francamente no las voy a escribir.

-¿Hay esbozos?
“Siempre tuve la idea, y sigo en ello, de escribir un ‘Macbeth’ y no lo he logrado simplemente por cuestiones prácticas. El escenario de la ópera es el más conservador de la música. El público es difícil, todavía le encantan Puccini, Rossini, Wagner. Es raro el oyente que conoce la ópera de Ligeti, de Messiaen, de Berio o de Stockhausen. No es nada fácil escribir hoy y que la obra se ponga en escena, caray. Por lo menos esa es mi experiencia”.

-¿Tiene ya una fecha programada para concluir su ‘Macbeth’?
“Tengo algunos apuntes, pero necesitaría un libretista”.

-¿Qué proyectos tiene en puerta para saldar lo que llama sus deudas musicales?
“Qué ironía, este año, en noviembre, es muy probable que se vaya a representar ‘Aura’, pero en Tokio. Lo que sé hasta ahora es que van a hacer una versión de cámara varios compositores japoneses, entre ellos el director del Nomad Ensamble, Norio Sato, que está haciendo la transcripción. Lo van a hacer con cuatro cantantes. Estoy terminando una obra de cámara para Ónix Ensamble y un proyecto que me entusiasma muchísimo: mi séptimo cuarteto de cuerdas para el Cuarteto Simón Bolivar, integrado por los principales atrilistas de la maravillosa orquesta venezolana”.