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CULTURAS

Atzimba retorna a Bellas Artes depués de 61 años

Atzimba, la ópera “perdida” del compositor duranguense Ricardo Castro, regresa a este recinto artístico con dos funciones. La ópera ha sido bien aclamada por la crítica. "La partitura es bellísima, tiene mucha influencia europea”, afirma Patrón de Rueda.
Redacción
09 abril 2014 22:13 Última actualización 10 abril 2014 5:0
Atzimba (Cortesía)

Atzimba, una ópera mexicana con mucha influencia europea. (Cortesía)

Por fin, la reconstrucción de Atzimba, la ópera “perdida” de Ricardo Castro (1864-1907), llega al Palacio de Bellas Artes. Las oportunidades para conocer esta obra serán, por lo pronto, escasas: apenas dos funciones –una hoy y la otra el domingo.

Y es que de este título, uno de los más aclamados del compositor duranguense -la “Aída tarasca”, como la describió en su tiempo Amado Nervo- no existen grabaciones al alcance del público.

La crítica ha tratado bien a esta coproducción entre el INBA y el Estado de Durango, donde en febrero tuvo lugar el reestreno mundial de la pieza, restaurada por el compositor Arturo Márquez, para conmemorar el 150 aniversario natal de su autor. El montaje dirigido por Antonio Salinas, con asesoría de Luis de Tavira, se presentó en marzo en Cuernavaca.

Pese a que su estreno en el Teatro Abreu, en 1900, fue todo un acontecimiento, la obra tuvo un sino marcado por el tropiezo. A un breve reestreno siguieron 28 años en el baúl, hasta que fue desempolvada para montarse en el Teatro Nacional -aún sin inaugurar- en 1928. Ya convertido en el Palacio de Bellas Artes, el recinto alojó la obra en 1935 y, por última vez, en 1952.

Nadie sabe qué ocurrió con la partitura del segundo acto después de esa última función; pero su desparición sepultó Atzimba durante 61 años, hasta que el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical “Carlos Chávez”, del INBA, encargó a Márquez que reorquestara la parte faltante. Para ello, el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2009 se basó en algunos apuntes, la transcripción para piano y una grabación de aquel último montaje, que a decir de Enrique Patrón de Rueda, director orquestador de la puesta, “no se escucha casi nada”.

“Arturo Márquez se sacó un 10. Permitió que fuera Ricardo Castro quien hablara”
, consideró el concertador sobre el rescate de una partitura escueta. “En el acto primero uno tiene que adivinar lo que quiere el autor, porque casi no tiene indicaciones, incluso no tiene detalles de metrónomo. Tuvimos que echar a volar la intuición”, comenta el músico.
“Es una partitura muy antigua que ha pasado por muchas manos. Hay que recordar que se estrenó como zarzuela, luego se les puso música a los recitativos. Se hizo también en italiano; es más, creo que muchas cosas se han traducido literalmente de esa versión”.

El argumento, desarrollado en tres actos por Alberto Michel, narra una suerte de Romeo y Julieta a la mexicana. Un episodio de "La conquista Michoacana" de Eduardo Ruiz da lugar a la tragedia amorosa de la princesa purépecha Atzimba (Violeta Dávalos) y el oficial español Jorge de Villadiego (José Luis Duval). El año,1522.

Vocalmente, Atzimba representa un tour de force. “Requiere una soprano ágil, volátil, no necesariamente coloratura, y un tenor fuerte, heroico. La partitura es bellísima, reúne todos los elementos de la gran ópera tradicional y tiene mucha influencia europea”.

Dada la estilística de la época, Patrón de Rueda opina que hay pocos elementos nacionalistas en el lenguaje musical de Catsro dentro de la obra. “Las partes que creo tienen destellos nacionalistas son el Canto de guerra y la Marcha de guerra”.