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Atletas que izan otra bandera

Orlando Ortega, cubano de nacimiento que consiguió una medalla de plata para España en los pasados Juegos Olímpicos, ejemplifica la apertura de los atletas para buscar mejores oportunidades que no encuentran en su país natal.
Alain Arenas
24 agosto 2016 22:27 Última actualización 25 agosto 2016 5:0
El caso de Ortega no es el único entre los atletas, que cambian de nacionalidad. (Especial)

El caso de Ortega no es el único entre los atletas, que cambian de nacionalidad. (Erick Retana)

Antes de Río 2016, España nunca había ganado una medalla en los 110 metros con vallas en la historia de los Juegos Olímpicos; sin embargo, en la justa brasileña, Orlando Ortega se colgó la presea de plata. Hoy, en la decimoprimera fecha de la Diamond League que se disputa en Lausana, Suiza, tratará de confirmar su buen momento.

Pero no todo ha sido fácil para el atleta. Ortega nació en 1991 en Artemisa, Cuba, una población que se encuentra a media hora de La Habana por carretera. Su abuela, Cristina Echeverría, quien ganó medalla de oro en los relevos 4x100 metros en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1967, fue la que lo alentó a practicar la carrera de salto con vallas. Antes de cumplir 20 años, el joven tenía un futuro prometedor, el cual confirmó al ganar la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011. Un año más tarde, en los Juegos Olímpicos de Londres, terminó como el sexto velocista más rápido de la prueba.

Parecía que se convertiría en una estrella del deporte para la nación caribeña, pero su situación cambió cuando la Federación cubana le suspendió seis meses en 2013, antes de los Campeonatos Mundiales de Moscú, por no correr en una competencia previa. Pese a que el organismo le recortó el castigo para que finalmente pudiera participar, el daño estaba hecho. Fue eliminado en la ronda preliminar. Al día siguiente, se prometió no volver a la isla y, posteriormente, viajar a España, donde ya había competido, para tratar de ganarse la nacionalidad.

En junio de ese mismo año, el gobierno le comunicó que era oficialmente español. Tuvo que esperar tres años para competir por su nuevo país, tiempo exigido por la IAAF, por lo que fue hasta julio de este año que recibió el aval para estrenarse bajo la representación de otra bandera en Río 2016.

“Me fui de Cuba para tener otra ilusión y otro estilo de vida. En ese momento pensé que si quería estar entre los mejores, debía competir con los mejores: en Europa. Salí en busca de nuevos objetivos. España es un país alegre, divertido. Me da la tranquilidad y las oportunidades que me hacían falta”, explicó Ortega hace una semana para el diario español El País, tras ganar la medalla de plata en las Magnas Justas.

“He pasado tres años difíciles. Eso sólo lo saben los que me han rodeado y creído en mí. Ellos saben lo que he sufrido para llegar a este momento. Van a venir muchos éxitos más para España”.

Aunque las circunstancias no son las mismas, el caso de Ortega no es el único entre los atletas, que cambian de nacionalidad. Los corredores de 100 metros Kemarley Brown y Andrew Fisher, quienes son jamaiquinos de nacimiento, adoptaron la nacionalidad bahreiní en 2012.

“Pensé que sería más fácil ser parte de un equipo nacional en un lugar menos competitivo, por eso me nacionalicé. Aquí (en Bahréin) me puedo concentrar más en la formación, entrenamientos y en tratar de correr más rápido que en otras temporadas”, detalló Fisher al diario brasileño Estadao.

Estos cambios para competir en Juegos Olímpicos no ocurren solamente en el atletismo. Zhi Wen He, quien hasta 1989 fue parte del equipo chino de tenis de mesa, se nacionalizó español. Pese a que en Río 2016 se quedó en la segunda ronda, tiene cuatro justas veraniegas en su currículum con España (Atenas 2004, Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016) y ninguna con su país natal.

En algunos casos, los atletas representan a otra nación por no contar con respaldo económico suficiente para destacar. El mejor ejemplo de ello es el velerista Diego Romero, quien nació en Argentina y defendió la bandera albiceleste en los Juegos de Sídney y Atenas, pero nunca pudo subirse al podio. Para el ciclo olímpico siguiente acusó falta de apoyo y patrocinios para practicar su disciplina, lo que lo llevó a nacionalizarse italiano. En Beijing 2008, en sus últimas justas veraniegas, obtuvo la medalla de bronce para ese país europeo.