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Arturo Ripstein y el arte de contar historias

Lo bueno y lo malo tienen que ver con el cine para Ripstein. Para él todo pasa por la pantalla. Sus películas son habitadas por personajes al límite cuyas tragedias son narradas siempre con un toque humorístico. Aquí se'abre' en entrevista.
Rosario Reyes
10 noviembre 2016 22:26 Última actualización 11 noviembre 2016 5:0
Ripstein seguirá filmando en la Ciudad de México. Ya tiene en el horno su siguiente entrega. (Édgar López)

Ripstein seguirá filmando en la Ciudad de México. Ya tiene en el horno su siguiente entrega. (Édgar López)

Todo, para él, pasa por una pantalla. lo bueno y lo malo tienen que ver con el cine. Así que sus aficiones están relacionadas con el arte de contar historias. Conserva amorosamente una pequeña biblioteca en su casa, cuyo acervo prácticamente no ha crecido en los últimos años. Ya empezó el proceso de relectura de sus favoritos, como Jorge Luis Borges.

Sus películas, realizadas junto a su compañera de más de tres décadas, la guionista Paz Alicia Garciadiego, son habitadas por personajes al límite cuyas tragedias son narradas siempre con un toque humorístico, y es que la comedia es, precisamente, el género que más complace al cineasta cuando está en la butaca. Pero sólo ha filmado una cinta en ese tono: La perdición de los hombres. Será por eso que ríe sonoramente y con frecuencia, Sobre todo cuando habla de su afición al boxeo y la admiración que tiene por los pugilistas nacionales.

El box
Es mi deporte favorito. Realmente es el único que sigo con entusiasmo. Tengo varios ídolos, mexicanos por supuesto, son de los mejores que ha habido jamás en la historia, son sensacionales, a diferencia de otros deportistas. Hay muchos muy notables, desde Julio César Chávez, hasta Rodolfo El Chango Casanova. Son muchos a los que les he tenido gran admiración y cariño. Hace muchísimos años le propuse a Luis Spota, cuando era director de la Comisión de Box, que hiciéramos una película, pero me dijo: “no, esas cosas yo no las hago”. Nunca se concretó, pero la noción del box, esta idea de la defensa, el ataque, el movimiento y la belleza, la precisión y la dureza, siempre me ha gustado mucho; verlos en la arena es fantástico.

El género predilecto
¿Para ver? comedia. El cine de ambiciones muy profundas también me encanta. Para filmar hay una serie de temas que uno no puede evitar, personajes que me resultan muy fotografiables, que les entiendo y de los que puedo manejar el entorno. Es el camino que me toca, que me importa. Fui un cinéfilo muy puntual, pero de pronto esa afición empezó a disminuir, la gran mayoría de lo que se hace ahora es atroz, lo veo con mis nietos, que me llevan, y yo sufro.

Hombre de familia
No, no lo soy. Me gusta estar con mis nietos, estoy con mis hijos cuando se dejan, pero nada más. No tengo más familia que mi mujer, mis hijos, mis nietos. A mi mujer la conocí hace unos 35 años, haciendo trabajos, estamos juntos hace un poco menos, como 32, que es un casi récord en el cine nacional. Creo que el secreto es la certeza de saber que con ella me voy a poder reír en algún momento y voy a estar sorprendido todo el tiempo.

El destino
Se puede manejar en el cine, en la vida no. En el primero, sabemos cómo termina la película, uno va serpenteando o en línea recta, como tenga opciones narrativas, para llegar a ese final que se llama punto de destino. Pero en la realidad uno lo calcula, lo adivina, lo intuye, lo busca, lo prepara, se acerca y se decepciona. Va por otros lados, da bandazos y mientras más experiencia y más serio es, cuando más cumple el dictum de Pascal de que “las desdichas de los hombres las provoca el no quedarse quietos en un solo lugar”, dice: “sí, el objetivo al que quiero llegar es viable”. Y cuando no, uno camina más o menos a ciegas.

La realidad en pantalla
En mis películas siempre está presente. Pero ésta no tiene sentido, el arte le ha servido para darle estructura y entonces la entiendes y tiene caso. Narrar es una cosa del alma humana y así se le dan alcances a la realidad para entenderla. El arte nos sirve para comprender lo que pasa, quiénes somos, en qué estamos contentos y en qué no. La cultura nos sirve para enfrentarnos a la barbarie. Cuando le das una estructura a la realidad, se convierte en una cosa compleja que se llama verdad. Y la verdad es lo único a lo que uno aspira.

Más allá del cine
Leer. En mi cabecera están Borges, Faulkner, Melville. Tengo una muy linda biblioteca en mi casa, pequeñita, pero con amigos entrañables. Mi esposa es una influencia, ella es una lectora muy voraz, yo nunca fui así, sino muy placentero: libro que me gustaba, lo leía con gran interés, pero si no, lo dejaba a un lado; ella es incapaz de hacer una cosa así. Tiene realmente un espectro de reconocimiento muy notable de las cosas que lee, es muy lista en ese sentido. Yo leo cada vez menos, releo mucho, las cosas que me gustaron cuando las leí de joven. Es un enorme placer porque entonces el libro se ha vuelto otro y yo me volví otro señor; eso es fascinante, confrontarte con tus lecturas y los recuerdos de tus lecturas.

Seguirá filmando en la Ciudad de México. Ya tiene en el horno su siguiente entrega: “será otra de esas historias que me son inevitables, sobre personajes que no puedo dejar de filmar”; outsiders como los de
El castillo de la pureza, Profundo carmesí o Las razones del corazón.

Lo que viene
Mañana en la Cineteca Nacional comienza la corrida comercial de La calle de la amargura, que tuvo su premiere el año pasado en la Mostra de Venecia, donde recibió un homenaje por 50 años de trayectoria.

Protagonizada por Patricia Reyes Spíndola, Sylvia Pasquel y Nora Velázquez, cuenta la historia de dos prostitutas mayores que accidentalmente matan a dos clientes: los gemelos luchadores Parquita y Espectrito.