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Arte y naturaleza en miniatura

Instalado en el jardín de su casa, el fundador de este museo comenzó a cultivar bonsáis hace 25 años, cuando su esposa le regaló un libro de botánica en el que descubrió estos milagros en miniatura.
24 mayo 2016 22:30 Última actualización 25 mayo 2016 5:0
Al abrir este espacio, que brinda una hermosa experiencia a los visitantes, Miguel Ros vive su propio milagro. (Cortesía)

Al abrir este espacio, que brinda una hermosa experiencia a los visitantes, Miguel Ros vive su propio milagro. (Cortesía)

El fundador de este museo, instalado en el jardín de su casa, comenzó a cultivar bonsáis hace 25 años, cuando su esposa le regaló un libro de botánica en el que descubrió estos milagros en miniatura. Con ella compartió más de la mitad de su vida (60 años de matrimonio) y gracias a su afición por la jardinería se ha ido acostumbrando a su ausencia, aunque todavía cuando habla de su compañera, fallecida en 2012, se le humedecen los ojos. Al abrir este espacio, que brinda una hermosa experiencia a los visitantes, Miguel Ros vive su propio milagro.

De acuerdo con la tradición, se necesitan tres virtudes para la creación del bonsái: Shin (verdad), Zen (bondad) y Bi (belleza), advierte el anfitrión del lugar donde el olor a tierra mojada persiste, quizá alborotado por el calor propio de la zona. Fortín de las Flores se ubica a poco más de 100 kilómetros del puerto de Veracruz y su clima tropical ha sido propicio para este tipo de árboles miniatura, tanto como la amorosa dedicación de su creador.

Entre alrededor de 900 piezas, en un sitio preferencial se encuentra un pino punta azul. Es el único protegido con cristal, porque tiene más del 50 por ciento de madera muerta y su corteza viva depende de ésta; la preservación de este ejemplar de 500 años es muy importante para el museo. Pero el ambiente natural de los bonsáis es a la intemperie y sus cuidados incluyen un proceso de desenraizado y defoleo (retirar todas sus hojas) cada cinco años, que en este sitio único en América Latina se hace cada tres o cuatro años debido al clima.

“Los japoneses acostumbrar a tener el bonsái en su casa, sin permitir que nadie fuera de la familia lo vea. Hay árboles que permanecen con ellos cinco, seis generaciones”, cuenta Miguel Ros.

Pero para él, abrir las puertas de su extraordinario jardín es vital. Estos árboles son la razón por la que se levanta cada día y ha inculcado ese esa dedicación a su familia, por lo que cada visita es como formar parte de ella por un momento.

MUSEO TATSUGORO AC
Privada de Huatusco 6, Fraccionamiento Fortín, Fortín de las Flores, Veracruz.
Horario: Lunes a sábado, 9:00 a 18:00; domingo, 9:00 a 15:00 horas
Admisión: 10 pesos.