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CULTURAS

Arreola hace de Tijuana una cruda literatura

El pintor y escritor mexicano Guillermo Arreola publica hoy "Fierros bajo el agua", una obra en la que la ciudad de Tijuana es el "contexto inevitable" de una narrativa de crímenes, amores, desamores y pasiones. 
Eduardo Bautista
10 noviembre 2014 16:18 Última actualización 10 noviembre 2014 18:7
Guillermo Arreola publica "Fierros bajo el agua", su segunda obra literaria. (Foto: Braulio Tenorio)

Guillermo Arreola publica "Fierros bajo el agua", su segunda obra literaria. (Foto: Braulio Tenorio)

Pintor al fin, Guillermo Arreola charla sobre su nueva obra literaria como si se tratase de un lienzo. "Matices", "colores" e "imágenes" son las palabras más recurrentes en su lenguaje para referirse a Fierros bajo el agua (Joaquín Mortiz, 2014), una historia en la que Tijuana es el "contexto inevitable" de una narrativa de crímenes, amores, desamores, pasiones y crudezas. 

Cauteloso para contestar entre sorbo y sorbo de café, Arreola se toma su tiempo para decir que no se siente cómodo ni en la literatura ni en la pintura. "En el momento en que entre a mi zona de confort, ésa será la indicación para que me retire del arte", advierte. Y es que las letras y las pinceladas "son dos demonios" que luchan dentro de su cabeza. "Ver una hoja en blanco te exige un regreso al orden lingüístico. En cambio, ver un lienzo en blanco es una invitación a crear un caos".

Entre esa disyuntiva nació Fierros bajo el agua, su segunda novela, cuya trama prefiere resumir en una pregunta: "¿Cómo se puede vivir el deseo, el amor y el desamor en un contexto de peligro?". La migración, el crimen, la homofobia, el narcotráfico, la pobreza, el amor, son temas que Arreola tatúa en la piel de sus personajes. Uno de ellos, señala, es la propia Tijuana, de la cual es originario. "La ciudad es un personaje que habla a través de los personajes de carne y hueso".

De pronto, un recuerdo invade la memoria de Guillermo: cuando era niño, jugando cerca del bordo, a escasos metros de la línea divisoria entre México y Estados Unidos ("entonces no había muro, sólo una alambrada"), vislumbró a lo lejos un grafiti que rezaba: ¿México, por qué nos has abandonado? Ese hecho, dice, lo marcó para siempre. Al grado de que su sangre tijuanense influyó de manera notable para comenzar a escribir.

"Me interesaba mucho el periodo de los años 80. Fue determinante esa etapa en mi vida, fueron fundamentales los recuerdos, las memorias que yo tenía de aquel tiempo, muy en particular sobre el paisaje de la ciudad, tan desolado y hostil", comenta.

Guillermo Arreola confiesa que Fierros bajo el agua emergió de forma vehemente "a través de una serie de intuiciones". Para él, en el arte no hay nada más importante que la intuición, a la que considera como una especie de semilla de la creación. "Es algo que no se piensa. La intuición es un informe que llega a ti sin la posibilidad de ser analizado racionalmente. Sólo sabes que está allí y que algo puede suceder. Lo mismo me pasa en la pintura, donde la intuición puede ser una simple mancha", indica.

Sin embargo, su obra también surgió de la necesidad de ciertos personajes tijuanenses de ser escuchados, admite. "Tenía indicios de ciertos momentos, encuentros, conversaciones y sugerencias con gente de allá. Quise cumplir el deseo de la gente de ser escuchado".

Mientras habla sobre intuiciones, pinceladas, procesos artísticos e imágenes, Arreola se interrumpe y decide meter a Cas Medina, un personaje para el que sólo tiene una palabra: "belleza". Se trata de un homosexual prostituto y narcomenudista.

No obstante, el artista aclara que su intención no fue delinear "un personaje clichetero que lo convirtiera en un sexópata". Es decir, no hacer de la homosexualidad un espectáculo. "Sí, Cas putea, se prostituye, cobra, pero no sólo está relacionado con su sexualidad, es un personaje mucho más abarcador", asegura.

Respecto a las escenas de violencia, el autor precisa que no quiso entrar "en escándalos narrativos", ya que lo central de su obra "es el deambular de los personajes y el tipo de relaciones que se establecen entre ellos". Y es que cuando Guillermo Arreola escucha la palabra "violencia", no se aventura a emitir juicios morales e inmediatamente contesta: "naturaleza humana".

Una naturaleza circunscrita en un libro que, a través de un párrafo en la contraportada, invita a leer la tragedia que es vivir, a veces, en Tijuana: "De repente todo lo que uno piensa que ha sido vivir en esta ciudad, vivir bien: ocuparte de tu trabajo, de tu familia, se desmorona. De repente se da uno cuenta de que todo ha estado resquebrajado desde siempre".