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Arrabal y garbo: adaptan "Carmen" entre cuerdas

La dramaturga Ximena Escalante estrena el montaje "Carmen, teatro y flamenco" el 1 de marzo en el Lunario, con la compañía Viva Flamenco y la dirección de Antonio Castro. Cante, palmas y taconeo retumban no en el ambiente taurino y sevillano del siglo XIX, sino en el ring de un gimnasio tepiteño de los años 70.
Myrna I. Martínez
15 febrero 2015 20:15 Última actualización 16 febrero 2015 5:0
Escalante siempre tuvo el sueño de hacer un montaje de esta obra con danza flamenca, así que invitó a Leticia Cosío y a su compañía Viva Flamenco. (Cortesía)

Escalante siempre tuvo el sueño de hacer un montaje de esta obra con danza flamenca, así que invitó a Leticia Cosío y a su compañía Viva Flamenco. (Cortesía)

En la visión de Ximena Escalante, la historia de Carmen que popularizó la opéra comique de Georges Bizet recupera la esencia: lo jondo y lo arrabalero. La orquesta y el ballet se tornan doloroso cante, palmas y taconeo que retumban no en el ambiente taurino y sevillano del siglo XIX, sino en el ring de un gimnasio tepiteño de los años 70.

“La primera pregunta que uno tiene cuando vas a traer a tu tiempo a un personaje que ha sido diseñado en otra época es, ¿cuál sería el paralelo? La Carmen original es una obrera que trabaja en una fábrica de tabaco rodeada de militares, en un contexto popular y muy bajo. Yo no quería trabajar con una obrera en la frontera porque tendría que hacer referencia a las mujeres de Juárez, a las maquiladoras y a los asesinatos; quería desprenderme de un contexto que tuviera una evocación a una realidad periodísticamente inmediata, que nos iba a imponer un trabajo escénico”, explica la dramaturga, quien estrena el montaje Carmen, teatro y flamenco el 1 de marzo en el Lunario, con la compañía Viva Flamenco y la dirección de Antonio Castro.

Ximena Escalante y Antonio Castro, aficionado al box, llegaron poco a poco a la idea de trasladar la historia a Tepito, no en el afán de hacer una radiografía antropológica del barrio bravo, sino por su importancia en la tradición pugilista del país.

“Me estoy basando en la fábula, los diálogos son nuestros y el contexto es otro, pero son los mismos personajes y los mismos factores dramáticos; no estoy haciendo un testimonial de los barrios populares, estoy haciendo una radiografía de Carmen y José, de una historia de pasión donde las fuerzas coadyuvan para que sea una historia de locura que lleva hasta la muerte”, dice Escalante.

En su propuesta, Carmen sale de la cárcel y empieza a trabajar en el mantenimiento de un club de box. Ahí conoce a José (que en la historia original es militar), un inocente deportista que siempre está concentrado en ganar su próxima pelea. Él no se desvela, no se emborracha, no sale con mujeres, hasta que un día Carmen lo lleva al After, un antro de mala muerte ubicado arriba del gimnasio. Seductora, ella le hace un baile que lo maldice y lo lleva a la perdición.

“Las historias de amor, de los griegos hasta nuestros días, es básicamente la misma: es el hombre el que seduce a la mujer, quien la lleva a un sufrimiento y a perder la razón; en Carmen es al revés, es una mujer que seduce a un hombre puro, de buen corazón y lo vuelve loco”, explica la dramaturga. “No es que ella tenga un mal corazón, pero es una mujer demasiado independiente, segura de sí misma. Lo que es interesante de este personaje es que ella defiende ante todo su independencia, y si el costo es no amar, está dispuesta a ello con tal de ser dueña de su destino”.

La ópera de Georges Bizet, estrenada en 1875 con un argumento inspirado en la novela del francés Prosper Mérimée, está ambientada con el colorido toque andaluz sevillano de principios del siglo XIX. Las propuestas llevadas a escena por lo general mantienen el toque gitano en el vestuario y en la escenografía, y, al ser fieles a la ópera, se han olvidado del duende, de los tablados populares, considera Escalante.

Siempre tuvo el sueño de hacer un montaje de esta obra con danza flamenca, así que invitó a Leticia Cosío y a su compañía Viva Flamenco a integrar el baile en la acción dramática. Carmen será interpretada por la actriz y cantante pop andaluza Sylvia Pantoja y tendrá su espejo en la bailaora.

“En el flamenco el que manda es el cante: primero empieza el cante, luego la guitarra y después el baile; en ese sentido quisimos hacer una propuesta pura en la que tenemos cante, guitarra, palmas y percusiones, elementos que le dan más fuerza a la historia”, dice Cosío, quien recientemente celebró los 10 años de su agrupación dancística. “La dramaturgia y el baile van de la mano; el flamenco es muy visceral, de mucha energía. Lo que estamos diciendo con nuestro cuerpo, con el ritmo, con la voz, es lo que están actuando en escena, eso ha sido una manera de explayarnos todavía más y mejor”.

Los celos, la incertidumbre, la desfachatez de Carmen es plasmada en la letra de los cantes y en la música, integrada por fandangos, bulerías y otros palos flamencos, bajo la dirección musical de José Miguel Moreno. La puesta en escena es de una riqueza pocas veces vista. La aventura es formidable. De Bizet sólo queda el tema de La Habanera, porque, como coinciden Ximena Escalante y Leticia Cosío, Carmen sin La Habanera no es Carmen.