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Aquel grito: “Nosotros somos el pueblo”

Europa festeja esta semana 25 años de la caída del Muro de Berlín. Casi nada ha quedado intacto desde aquella lluvia de noviembre. Los escombros de las cortinas merecerán todavía, y por largo rato, los estudios históricos de alta talla para entender qué sucedió en aquellos años 80 en los que terminó un siglo devastador.
Mauricio Mejía
02 noviembre 2014 22:52 Última actualización 03 noviembre 2014 5:0
El triunfo de la Libertad de aquel 89 desdibujó el mapa de la Europa de los ismos y dejó como inquietantes síntomas a las minorías y al Sujeto. (Archivo)

El triunfo de la Libertad de aquel 89 desdibujó el mapa de la Europa de los ismos y dejó como inquietantes síntomas a las minorías y al Sujeto. (Archivo)

Mucha historia desde aquel otoño. Y sin embargo, todavía muy cerca para dimensionar sus percusiones. Benjamin Disraeli calificó a la unidad alemana de 1870 -producida por una revolución desde arriba, según él- como “un acontecimiento político mayor” que el de la Revolución Francesa.

Europa festeja esta semana, con el 9-N catalán como incómodo marco del presente, 25 años de la caída del Muro de Berlín, emblema de la Guerra Fría y el pleito de las ideologías. Casi nada ha quedado intacto desde aquella lluvia de noviembre. Los escombros de las cortinas merecerán todavía, y por largo rato, los estudios históricos de alta talla para entender qué sucedió en aquellos años 80 en los que terminó un siglo devastador. Apenas ha sucedido una generación desde entonces.

El “acontecimiento político mayor” de la nueva reunificación alemana, consecuencia casi inmediata del derrumbe de La Pared, mantendrá activa la inquietud política por la democracia, el modelo menos perfectible de la convivencia social.

El tránsito que va de Solidaridad, de Lech Walesa, que pasa por el arribo de Mijail Gorbachov (en marzo de 1985) a la Secretaría General del Partido Comunista Soviético (la Glasnot y la Perestroika); las protestas juveniles de Leipzig en el atrio de la iglesia de San Nicolás; la “licencia” soviética a las fronteras de Hungría y Chescoslovaquia; el festejo impúdico de los 50 años de la RDA (el socialismo posible y el régimen de los 100 años) y el arribo de los manifestantes (“Nosotros somos el pueblo”) a la cima del Muro, ese tránsito de una década merece aún más preguntas que respuestas. No es una efeméride simple.

El triunfo de la Libertad de aquel 89 desdibujó el mapa de la Europa de los ismos y dejó como inquietantes síntomas a las minorías y al Sujeto.