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Aquel 31/12/72...

Los Delfines de Miami y los Acereros de Pittsburgh jugaron la final de la conferencia americana en un duelo memorable en el que Miami logró el 15-0.
Mauricio Mejía
04 enero 2017 22:34 Última actualización 05 enero 2017 5:0
La Defensiva Sin Nombre, el estandarte de Don Shula, había logrado lo impensable: 15 partidos sin perder. (Especial)

La Defensiva Sin Nombre, el estandarte de Don Shula, había logrado lo impensable: 15 partidos sin perder. (Especial)

Don Shula llegó a los Delfines de Miami cuando el equipo era un desastre. En 1968 terminó en el sótano de la División Este de la Liga Americana. Shula lo cambió todo en 1970. Todo. Puso en marcha la operación Defensiva Sin Nombre con la que Miami se volvería invencible en su campo; mantendría el invicto en casa hasta 1973. En aquella Noche Vieja del 72, los muchachos del enérgico head coach se jugaban la temporada perfecta (14 ganados, cero perdidos) en la final de conferencia ante los Acereros de Pittsburgh de Chuck Noll, que ya anunciaban su gran década con el joven Franco Harris como sensación en las ofensivas por tierra.

Pittsburgh (11-3) había logrado el ticket a la antesala del Super Bowl con una anotación de Harris en los últimos cinco segundos de tiempo regular ante los Raiders de Oakland del enorme John Madden. Los Delfines no pasaron problemas ante Cleveland, 20-14, en la Noche Buena de aquel célebre año.

Ese 31 de diciembre se juntaron dos grandes ejércitos. Shula y Noll podrían presumir plantillas históricas. Miami: Griese, quarterback (aunque Earl Morrall cumplió con el oficio la mitad de la temporada); Lary Csonka y Mercury Morris, corredores, y Norm Evans, Wayne Moore, Bob Keuchenberg, Larry Little y Jim Langer en la línea. Pittsburgh, las futuras leyendas: Terry Bradshaw, QB; Harris y John Fuqua, corredores; Al Young, reptor, y Jack Ham, Ed Bradley y Henry Davis en la línea.

En el juego, Bradshaw comandó la primera ofensiva de anotación de los Acereros en el primer cuarto. Fue noqueado en la última jugada del avance en el que Gerry Mullins recuperó un balón suelto para darle los primeros seis puntos a Pittsburgh. Parecía que el perfecto se quebraba. Bradshaw volvió tarde al campo. En el segundo cuarto, Csonka anotó con un pase de nueve yardas de Morrall. Había relato en el emparrillado.

Las tragedias suelen suceder en el tercer cuarto. Los Acereros perdieron ritmo a la ofensiva. Gerela anotó un gol de campo de 14 yardas; 7-10. Un larga ofensiva de Miami terminó con un touchdown de dos yardas del corredor Jim Kiick; 14-10. En el último cuarto, ya amo de la circunstancia, Shula ajustó la Defensiva Sin Nombre y ordenó una larga estrategia de control de tiempo y territorio. Otra vez Kiick, con un acarreo de tres yardas, dio una ventaja de 11 puntos a Miami; 21-10. Con más gallardía que tino, Bradshaw volvió al campo para dirigir el poder aéreo acerero. Quedaban siete minutos en el reloj. Young anotó con un pase suyo de 12 yardas; 21-17. Después, el mariscal de campo, que ganaría cuatro anillos de Súper Tazón en los 70, sufrió dos intercepciones. La Defensiva Sin Nombre, el estandarte de Shula, había logrado lo impensable: 15 partidos sin perder.

El 14 de enero de 1973, en Los Ángeles, Miami venció 14-7 a
Washington. La perfección no ha vuelto a suceder.