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Andy Reid y su fortaleza ante la tragedia

Con su llegada a los Jefes de Kansas City, Andy Reid se sobrepuso a la muerte de su hijo y rescató a un equipo que estaba deshecho; le bastó un año para sacarlo de la mediocridad y convertirlo en uno competitivo.
Alain Arenas
01 noviembre 2017 23:4 Última actualización 02 noviembre 2017 13:53
Andy Reid

(Especial)

Andy Reid recibió una llamada telefónica la mañana del 5 de agosto de 2012. Subía a su automóvil para dirigirse a la práctica de las Águilas de Filadelfia, de las que era head coach. Un elemento de la policía de Lehigh –localidad ubicada al norte de Filadelfia– le informó que Garrett, su hijo mayor, fue encontrado muerto en su cuarto de la universidad, en la que trabajaba como asistente en el equipo de futbol americano.

Reid regresó a su casa, compartió la trágica noticia con su esposa y llamó a su staff de entrenadores para decirle que no asistiría a los entrenamientos. Después se trasladó hasta el campus universitario. Cuando llegó, Edward Shupp –jefe del departamento de policía de Lehigh– le dijo que su hijo había fallecido por una sobredosis de heroína. Garrett era un adicto en rehabilitación que había batallado con el mal durante ocho años.

Reid se tomó tres días de luto y luego regresó a las prácticas de las Águilas. “Esto es lo que Garrett hubiera querido”, expresó ese día en conferencia de prensa. Cuando comenzó la temporada regular, al siguiente mes, parecía que el futbol americano le daba un respiro. Su equipo inició la campaña con tres victorias en cuatro encuentros.

El buen momento no duró mucho. Perdió 10 de los siguientes 11 partidos y firmó su peor registro en las 14 temporadas en las que se había desempeñado como entrenador de la organización. En la víspera de Año Nuevo, Reid se enteró a través de los medios de comunicación que Jeffrey Lurie –propietario de la franquicia– lo había destituido del cargo.

No tardó en encontrar un nuevo contrato. Cuatro días más tarde, la gerencia de los Jefes de Kansas City le propuso la dirección del equipo. Reid sólo aceptaría el cargo si Britt –su segundo hijo y quien también tuvo problemas de drogadicción– fuera nombrado entrenador asistente. La directiva estuvo de acuerdo.

Encontró un equipo desecho, que perdió 14 de 16 encuentros la campaña anterior. Le bastó un año para sacarlo de la mediocridad y convertirlo en uno competitivo. Tuvo marca de 11-5 ese año, calificó a la postemporada –perdió con Indianápolis en la ronda de comodines– y fue reconocido con el premio al Mejor Entrenador de la temporada.

Antes de su llegada, el equipo sólo había tenido tres temporadas con marca ganadora desde el inicio del siglo XXI (2003, 2005 y 2010). Con él en el equipo lleva cuatro temporadas en fila con más victorias que derrotas y ha calificado tres veces a la postemporada. Esta campaña, tiene foja de 6-2 y es el líder de la División Oeste de la Conferencia Americana.

Britt Reid confesó en una entrevista para el portal de la NFL que estaba totalmente desintoxicado desde el fallecimiento de su hermano. La temporada pasada fue ascendido a entrenador de la línea defensiva. Actualmente esa unidad es la décima cuarta en capturas, con 18.

Dave Toub –coordinador de equipos especiales– dijo al diario Kansas City Star que él es uno de los mejores entrenadores que hay, porque además de ser un líder funge como un maestro con sus subordinados.
Reid ha formado a nueve entrenadores en jefe de la NFL. Uno de ellos -Sean McDermott, ex coordinador defensivo con las Águilas - tiene a los Bills con marca de 5-2, apenas un triunfo abajo de los campeones Patriotas de Nueva Inglaterra.

Reid, sin embargo, no ha logrado ganar un Super Bowl. Lo más cerca que se ha quedado fue en la temporada del 2004, cuando perdió (con Filadelfia) el Super Bowl XXXVIII ante Nueva Inglaterra. Desde entonces la postemporada es su dolor de cabeza. Solo ha ganado tres encuentros (dos con Filadelfia en 2008 y uno con Kansas City en 2015). Ha perdido siete, el último de ellos en enero pasado, ante Pittsburgh.