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Andar del Quijote

México tiene su tesoro cervantino: una colección de 2 mil ejemplares de "El Quijote", uno de los mayores acervos del mundo. Un apasionado coleccionista alemán dejó este legado al pueblo mexicano: Franz Mayer-Traumann Altschul. El público podrá apreciar estas joyas en el museo que lleva su nombre.
Ma. del Refugio Melchor S.
22 marzo 2015 22:35 Última actualización 23 marzo 2015 5:0
Una de sus obsesiones de Franz Mayer fue coleccionar valiosas ediciones de "El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha". (Eladio Ortiz)

Una de sus obsesiones de Franz Mayer fue coleccionar valiosas ediciones de "El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha". (Eladio Ortiz)

El 30 de marzo de 1615, casi un año antes de su muerte, Miguel de Cervantes Saavedra entregó a una imprenta de Madrid un manuscrito. Llevaba por título El ingenioso caballero Don Quijote de La Mancha. Era la segunda parte de su obra cumbre, que este año cumple cuatro siglos desde su primera publicación. El día y mes en que fue impresa permanece incierta, como gran parte de la vida de su autor.

Cervantes es un tema muy misterioso. Se sabe que la primera parte de El Quijote se publicó en 1605 y la segunda en 1615, ambas a principios de año, pero no se sabe la fecha exacta”, sostiene Miriam Velázquez la responsable de la biblioteca del Museo Franz Mayer.

En España acaban de rescatar los posibles restos de Cervantes en un monasterio trinitario de Madrid. México tiene su tesoro cervantino: una colección de 2 mil ejemplares de El Quijote, uno de los mayores acervos del mundo.

Un apasionado coleccionista alemán dejó este legado al pueblo mexicano: Franz Mayer-Traumann Altschul. Filántropo, financiero y, sin lugar a dudas, personaje relevante para la historia del coleccionismo en el país. Nació el 3 de septiembre de 1882, en Mannheim, Alemania, se lee en la página web de su museo, ubicado en el Centro Histórico.

Arribó a México en marzo de 1905 y gracias a su habilidad financiera logró acumular una gran fortuna que invirtió en arte. Una de sus obsesiones fue coleccionar valiosas ediciones de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha –así se llamó desde la publicación de su primera parte.

Franz Mayer coleccionó 739 ediciones en 13 idiomas, actualmente con adquisiciones y donaciones hemos llegado a 800 ediciones en 18 idiomas; físicamente son alrededor de 2 mil ejemplares”, explica Miriam Velázquez, responsable de la biblioteca del museo. “Nuestro Quijote más antiguo es de 1605, publicado en Valencia; es una segunda edición y es nuestro mayor tesoro”, asegura.

A primera vista este pequeño y voluminoso libro de tamaño bolsillo no llama la atención. Carente de ilustraciones, comparte vitrina con otras valiosas ediciones. El acceso al valioso acervo está restringido, pero los amantes del universo quijotesco tienen ahora una oportunidad única para conocerlo, ya que con motivo del aniversario, la Biblioteca Rogerio Casas-Alatriste presenta una muestra de 20 libros.

“Contamos con la primera traducción inglesa de 1612. Sólo hay tres ejemplares que se conocen en el mundo: uno está en el museo británico, otro pertenece a un particular en Barcelona, y el tercero lo tenemos en el museo Franz Mayer”, señala Velázquez.

La responsable de cuidar este acervo desde hace 15 años conoce en detalle la que es considerada la obra mayor de la lengua española. Afirma que El Quijote original no fue ilustrado y que fue a partir de una edición holandesa del siglo XVII cuando se comenzaron a incluir grabados. La colección cuenta con la primera edición de la Real Academia que ilustraron los mejores artistas de la época y la primera edición mexicana de 1833 impresa por Mariano Arévalo.

Franz Mayer también coleccionó ediciones de lujo, una de ellas, la que ilustró Gustave Doré que se editó en París (1863) y que incluyó 120 grabados, finamente encuadernados.

Un coleccionista de la talla de Mayer siguió un criterio de antigüedad que ahora envidian los propios españoles, advierte Velázquez. “Siempre mantuvo la exigencia de que fueran anteriores a 1905, incluso el Centro Cervantino nos buscó para colaborar en el banco de imágenes de El Quijote que está disponible en Internet y en España no había ediciones completas, las vinieron a buscar a nuestra colección”.

El valor económico de esta colección es difícil de calcular, señala la bibliotecaria: “Los libros tienen un avalúo cada año, depende de su antigüedad, su contenido, diferentes ediciones, su valor es difícil de precisar”.

Todos los ejemplares cuentan con un seguro que los protege contra el paso del tiempo y de cualquier contingencia. “Antes de morir Franz Mayer hizo un fideicomiso y toda nuestra colección está inventariada con Banco de México. Al momento que salen nuestras obras por préstamo en el caso de los libros tiene que ir con su avalúo y su seguro”.

Los préstamos de estas piezas son raros porque los costos del aseguramiento son muy elevados, dice Velázquez. Pero una parte está a disposición del público en versiones digitalizadas. Algunas de las que aparecen en castellano antiguo pueden ser traducidas en pantalla al español moderno.

Tal era la pasión de Franz Mayer por la primera novela moderna de la lengua española, que adquirió 13 ediciones del falso Quijote, publicación que obligó a Cervantes a lanzar la segunda parte en 1615. Estas joyas las podrá apreciar el visitante de manera gratuita durante todo el año.