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CULTURAS

Ana Gerhard chapotea en la música

Ella no se conforma con ofrecer recitales de piano por el mundo. La escritora Ana Gerhard hace del relato un aliado para abrir los oídos de los niños. "El agua, desde un río hasta una lágrima, siempre ha estado relacionada con la música", dice en entrevista.
Eduardo Bautista
26 julio 2016 21:52 Última actualización 27 julio 2016 5:0
Gerhard considera vital que las personas se acerquen a la música de concierto desde edades tempranas. (Especial)

Gerhard considera vital que las personas se acerquen a la música de concierto desde edades tempranas. (Especial)

Ella no se conforma con ofrecer recitales de piano por el mundo. Su lucha diaria está en la educación: acercar la música de concierto a los niños y jóvenes.

Ana Gerhard está convencida de que escuchar música clásica se ha convertido en un lujo. No por cuestiones de dinero, advierte. Sentarse media hora a adentrarse en a Bach, Vivaldi o Beethoven parece ser un hábito en extinción.

“Siempre es bueno alejarse de lo que nos rodea por unos minutos. Creo que hemos perdido esa costumbre de sentarnos a pensar o a disfrutar lo que sea. El mundo de hoy es tan veloz que pocas veces tenemos el tiempo y el espacio para el arte”, sostiene Gerhard, quien ha cursado estudios en el Ars Nova de Barcelona, el Conservatorio de Lausana y el Conservatorio Nacional de Música del INBA.

HISTORIAS PARA LEER Y ESCUCHAR
Título: El agua
Autor: Ana Gerhard
Editorial: Océano
Precio: 399 pesos

La pianista ha encontrado en las letras un aliado para conducir a otros, especialmente a los pequeños, a los terrenos de Euterpe. En su más reciente entrega, es el agua el elemento que le permite ensamblar un mosaico de grandes compositores que han sido inspirados por ríos, mares y tormentas.

En El agua. Introducción a la música de concierto (Océano), la autora sumerge a los lectores en obras como la ópera Griselda, de Antonio Vivaldi; la suite Redes, de Silvestre Revueltas; el aria Cristo Nuestro Señor llegó al Jordán, de Johann Sebastian Bach; El árbol de lluvia, de Toru Takemitsu; o Clepsidra, de Mario Lavista.

Gerhard considera vital que las personas se acerquen a la música de concierto desde edades tempranas porque propicia el desarrollo intelectual y emocional, además de que estimula la imaginación y la sensibilidad, cualidades que, destaca, son necesarias en sociedades como la mexicana, sumidas en la apatía, la violencia y la intolerancia.

El tercer título, de una colección de cinco, pretende invitar al niño a que escuche una gran obra de manera distinta. De nada sirve, dice, que el alumno se aprenda de memoria la biografía de Beethoven si no tiene las claves necesarias para entender su música.

“El agua, en todas sus formas, desde un río hasta una lágrima, siempre ha estado relacionada con la música”, asegura Gerhard, quien bajo el sello Océano ha publicado Seres fantásticos y Las aves, también introductorios al arte musical. Aún le quedan dos más por escribir: uno sobre bichos y otro sobre juguetes.

“Lo que pretendo es que los niños no sólo escuchen música, sino historias. Que experimenten las emociones que en su momento quizás también sintió el compositor. Que se imaginen un río al escuchar a Händel, y que distingan cada sonido”, comenta la autora.

Eso es justamente lo que los chicos y no tan chicos encontrarán en El agua: una guía ilustrada. Está acompañada por un CD con 20 piezas de igual número de compositores, información sobre cada una y una minibiografía del autor. El relato permite saber, por ejemplo, que el cuarto movimiento de la sinfonía Pastoral, de Beethoven, alude a una tormenta que interrumpe abruptamente una fiesta al aire libre. O que Claude Debussy estuvo a punto de ser marinero y de ahí su obsesión por componer piezas relacionadas al océano. O que la Música Acuática de Händel se estrenó durante un viaje del Rey Jorge I de Inglaterra sobre el Río Támesis, en 1717.

“No creo que la formación musical que se promueve en las escuelas sea el ideal. Deberíamos invitar a los alumnos a escuchar música de manera más lúdica, con más historias y menos datos históricos. Durante mucho tiempo se ha enseñado flauta, porque es uno de los instrumentos más baratos, pero en realidad hay uno del que nos hemos olvidado y es gratuito: la voz”, considera. “Hay que quitarle los estigmas a la música de concierto. Y es mejor empezar a hacerlo desde chico”.