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Amat Escalante retrata la esencia de lo salvaje

El cine autodidacta de Amat Escalante encuentra en la sutilidad una forma radical de narrar la crudeza de la crisis de valores. El vacío es la geografía en la que habita 'La región salvaje', la cuarta película de un testigo del México más cruel y, si se quiere, más infernal.
Rosario Reyes
26 octubre 2016 21:33 Última actualización 27 octubre 2016 5:0
Amat Escalante ha logrado filmar una trama más intimista y adentrarse en el cine de género. (Del Ángel)

Amat Escalante ha logrado filmar una trama más intimista y adentrarse en el cine de género. (Del Ángel)

Amat Escalante encuentra una metáfora fantástica para narrar el horror y la decadencia de valores de un país ya sin límites éticos. El vacío es la geografía en la que habita La región salvaje, la cuarta película de un testigo del México más cruel y, si se quiere, más infernal. El mapa de la cinta no es un lugar determinado en el GPS de este territorio; es el interior mismo del ser humano y su condición atroz.

El filme le hizo merecedor del premio al Mejor director de la Mostra de Venecia, en septiembre pasado. Aunque la crítica internacional le ha reconocido, la película ha perturbado por su crudeza. El machismo y la homofobia son retratados en ella sin empacho. La violencia de género y la maternidad aderezan esta entrega de Escalante, la primera en la que trabaja con actores profesionales a los que les dio la oportunidad de leer el guion antes del rodaje, algo que no sucedió en sus realizaciones anteriores.

Ajeno a las excentricidades, Escalante se mueve bien en el perfil bajo. Tímido en sus encuentros con la prensa, casi nunca altera su hablar pausado y se-reno. Aun así es capaz de denunciar con fuerza las circunstancias mexicanas: “La violencia está dañando a la gente de preferencias sexuales diferentes y a las mujeres. Ahí hay un rechazo sexual, no sólo moral”, dijo tras la proyección de La región salvaje en el Festival Internacional de Cine de Morelia.

Michel Franco, gran admirador de la obra de Escalante, sostiene que es justo con él con quien, como realizador, siente mayor identificación. “Somos cinéfilos. Donde todo empieza es en el gusto por ver cine. Amat tiene una cultura bastante extensa y es muy curioso, siempre está al día sobre lo que pasa con los directores interesantes”, cuenta. A ambos les unen los puentes de los trabajos del francés Bruno Dumont, el alemán Rainer Werner Fassbinder y el coreano Park Chan-wook.

“Creo que, igual que yo, Amat no estudió cine. Cuando eres autodidacta encuentras tu voz de otra manera y te cuestionas las cosas desde otro ángulo. Somos sensibles a lo que pasa en el país y lo reflejamos en las películas sin que éstas tengan que ser una denuncia, pero México está atravesando por un periodo largo y oscuro, es imposible no reflexionar al respecto”, agrega Franco, quien antes del corte final, vio versiones previas de La región salvaje, a la que califica como “una gran película”. Él, a su vez, le había mostrado a Escalante tres cortes antes de concluir su largometraje Chronic (2015).

En el crew de esta nueva entrega figuran el fotógrafo de Lars Von Trier, el chileno Manuel Alberto Claro, y la directora de arte Daniela Schneider, quien también colaboró en Las elegidas, de David Pablos. Éste sostiene que Escalante tiene una virtud sobresaliente: una versatilidad en el uso de la violencia que causa un efecto contundente en el espectador.

Sobre la nueva entrega, Pablos considera que, al tener elementos no realistas, incluso de ciencia ficción, Escalante ha logrado filmar una trama más intimista y adentrarse en el cine de género. “Salió un poco del tipo de cine que había estado haciendo, pero con un sello que ya hemos visto, pese a que esto es entrar en terrenos vírgenes de alguna manera”.

Incluso desde la ciencia ficción, la violencia “estilizada” que Escalante refleja en su cine está cargada de realidad, agrega Luis Reséndiz, crítico de cine de la revista Letras Libres. “Hay una composición muy cuidada, sí, pero no sólo eso, sino que asemeja a la llamada deadpan photography, ese estilo fotográfico que ‘aplana’ los encuadres, los despoja de cierta profundidad de campo y, al mismo tiempo, también de alguna emoción. Lo que nos dice con esta composición de la violencia es: ‘esto es cosa de todos los días’. Una perspectiva que cualquier residente de Veracruz o de Guerrero probablemente compartiría”.

Un autor puede encontrarse ante la necesidad de decir algo sobre el status quo y, de pronto, la realidad se torna tan grotesca e inasible que no existe mejor forma de comentarla que mediante la fábula, abunda el experto. “Es algo que ha sucedido y seguirá sucediendo con la fantasía y la ciencia ficción, como Hitler y El señor de los anillos o los regímenes totalitarios, o 1984 (la novela de George Orwell)”.

Reséndiz ve con agrado la incursión de Escalante al cine de género. “Puede ser su manera de buscar salir de una cierta zona de confort localista o exotista; me encantaría ver mejores y más potentes discursos emitidos con esa herramienta”.

En septiembre pasado, en Venecia, Escalante lo explicó así: “Tal vez está tan fuerte la situación en la realidad que uno busca respuestas por otros lados. Yo siento que un poco de eso me sucedió, que la realidad misma supera la ficción y uno ya no sabe ni adonde ir”.