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Alta relojería que se inspira en crear lo imposible

The Academia Mathematical, de la firma DeWitt, rompe estereotipos. "Hice esta empresa porque pensé que podía dar una visión diferente del tiempo", dice Jérôme de Witt, fundador de la firma de relojes.
Myrna I. Martínez
17 noviembre 2015 21:15 Última actualización 18 noviembre 2015 5:0
El dueño se encarga de idear las piezas, las cuales son hechas por un sólo relojero. (Eladio Ortiz)

El dueño se encarga de idear las piezas, las cuales son hechas por un sólo relojero. (Eladio Ortiz)

Sofisticación con un toque de locura y modernidad es el sello que ha distinguido a la firma de relojes suiza DeWitt desde su creación en 2003. Jérôme de Witt, apasionado de la creatividad y del conocimiento, es descendiente de Napoleón Bonaparte y nieto del Rey Leopoldo I de Bélgica. Ese ADN aristocrático lo ha llevado a sus relojes, sobre todo, en un modelo lanzado el año pasado con milimétricos cabellos -previamente autentificados– de Napoleón en su interior.

Pero el diseño que más ha llamado la atención hasta del más purista es el recién presentado en la Ciudad de México, The Academia Mathematical, un reloj automático en el que los números saltan sinérgicamente de un lugar a otro para dar la hora exacta, dando la sensación de que el tiempo literalmente vuela y se desplaza.

Considerado por su creador una compleja pieza de poesía, este modelo está compuesto por 384 piezas ensambladas a mano, es de calibre automático y opera a una frecuencia de 21 mil 600 vibraciones por hora. Tiene una carátula de 42.5 mm y está cubierto de oro rosa de 18 quilates. “Es un poco loco, simplemente vino de mi mente. No creo que pueda decir que lo creé porque todo ya existe, pero tuve la posibilidad de descubrir algo diferente. En el arte, si recordamos las pinturas del siglo XIX, todo era muy clásico porque había algunas reglas que nadie podía romper, pero alrededor de 1880 empezó a haber una diferente visión, se empezó a hacer lo imposible”, dice en entrevista Jérôme de Witt.

“Nosotros tenemos esa percepción, ese sentimiento y empezamos a hacer diferentes movimientos de una manera creativa. Si alguien ve algo azul, nosotros lo vemos rojo, si alguien lo ve cuadrado nosotros le vemos diferentes formas”.

Para de Witt tener la capacidad de transformar el conocimiento en algo creativo es esencial en su empresa, donde cada pieza es ideada por él y realizada a mano por sólo un relojero, como lo hacían los maestros tradicionalmente.

“Hice esta empresa porque pensé que podía dar una visión diferente del tiempo. Siempre he trabajado con altas complicaciones, tourbillones automáticos y mecánicos, con saltos, esqueletos con visiones especiales, buscando siempre la alta precisión”, explica.

“Siempre me han gustado los retos. Cuando le preguntas a alguien por qué no se ha atrevido a hacer alguna cosa, contesta porque es imposible y esa es la razón por la que nosotros lo hacemos”.

Jérôme de Witt se inspiró durante la pasada edición del Salón de Alta Relojería, y asegura que ya tiene en la cabeza un diseño con elementos mexicanos que quizás manufacture y traiga el próximo año.