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libreta de apuntes

Alma que el olvido recordará

Alma Delia Fuentes es un fantasma perdido en un resquicio, en un túnel del tiempo. La joven ninfa de Los olvidados', de Luis Buñuel, sería carcomida por el olvido en el final de sus días.
Mauricio Mejía
06 abril 2017 19:47 Última actualización 06 abril 2017 20:0
Alma Delia Fuentes

Alma Delia Fuentes

“Me sentí impresionado por el testamento de Sade, en el que pide que sus cenizas sean arrojadas en cualquier parte y que la humanidad olvidara sus obras y hasta su nombre. Desearía pedir lo mismo de mí. Encuentro falaces y peligrosas todas las ceremonias conmemorativas, todas las estatuas de los hombres. ¿Para qué sirven? Viva el olvido. Yo solamente veo dignidad en la nada”, escribió Luis Buñuel en sus memorias. Nunca se imaginó que aquellas palabras unieran más a Sade con Alma Delia Fuentes que con él. Su joven ninfa de Los olvidados (tan Buñuel, tan Oscar Lewis) sería carcomida por el olvido en el final de sus días.

La memoria mexicana la recordará a lo lejos, como algo que (en términos de San Agustín) habita en un pasado largo y ya irremontable. El hijo de Hipona dijo: “En ti alma mido todos los tiempos. El tiempo es cosa del alma”. Vaya palabras fatales para una mujer extraviada en el transcurso de sí misma.

Alma, Alma Delia Fuentes, es un fantasma perdido en un resquicio, en un túnel del tiempo. Olvidada, vivió sus últimos años en el margen de su existencia. Necrológica macabra; surrealista aun en un país sobrado de irrealidad, de piezas sueltas entre los dedos de Dios. Su deceso, ya anunciado, ya vivido, se produjo el 2 de abril y el anuncio del mutis de la escena se dio a conocer hasta hoy, 6. Ya casi nadie, vaya libreto de Buñuel, de Sade, la creyó viva y latida.

La dignidad de la nada se fue cumpliendo -concurridamente- en la prensa sensacionalista que la miró sin culpa ni remordimiento. Falaces y peligrosas, dice el director de El ángel exterminador, todas las ceremonias. La más inútil y estéril es la póstuma, la postrera que no ceremonia ningún asombro, ninguna falaz pregunta: ¿de qué murió? De olvido, de indigencia, de desdén, serían las torpes respuestas.

Pero Alma Delia Fuentes, paradójicamente, será recordada por el largo futuro (presentido por Agustín) de la morada. Los venideros, con la gracia del cine, la verán, la admirarán, como algo vivido, algo parecido al Ser que fue, ya inevitablemente, un ser vivo que vive en las películas como huella de un alma presente, que nunca supo su futuro.