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Alice Munro: Premio Nobel de Literatura

10 febrero 2014 4:19 Última actualización 11 octubre 2013 5:2

[La narradora es la décimotercera mujer en ganar el Nobel literario / Reuters]


 
 
Silvina Espinosa de los Monteros
  
"Alice Munro is not available, at the tone please record your message” (“Alice Munro no está disponible, al escuchar el tono grabe su mensaje”) señalaba de manera casi increíble el audio, que la mañana de ayer, la Academia Sueca reprodujo en su cuenta oficial de Twitter (@Nobelprize_org) después del infructuoso intento de darle la noticia: acababa de ser nombrada Premio Nobel de Literatura 2013.
  
Sí, a Alice Munro, de 82 años, las deliberaciones académicas del más codiciado galardón de las letras en el mundo no era algo que la tuviese insomne al otro lado del Atlántico, en Clinton, una ciudad cercana a Ontario, Canadá, donde actualmente reside. Era de madrugada para ella y, tras varias llamadas de la prensa, fue que una de sus tres hijas la despertó para darle la noticia.
  
Una designación tan justa como necesaria, por lo menos en dos rubros: el que concierne al género femenino, ya que se convierte en la decimotercera mujer que lo gana (en las 106 ocasiones, incluyendo ésta, en que ha sido otorgado el Nobel de Literatura), luego de que en 2009 lo recibiera la escritora rumano-alemana Herta Müller; pero también es un merecido reconocimiento al género del cuento, tan despreciado en los últimos años por los consorcios editoriales trasnacionales, debido al escaso margen de ganancias que deja frente a otras fuentes de venta como la novela.
  
No en balde los organizadores señalaron puntualmente que otorgaban dicho galardón a Alice Munro, por considerarla “maestra del cuento contemporáneo”, además de poseer un “armonioso estilo de relatar, que se caracteriza por su claridad y el realismo psicológico”. La Academia Sueca reconoció también que “sus textos con frecuencia ofrecen descripciones del día a día, pero son eventos decisivos, epifanías que iluminan la historia del momento y dejan que aparezcan las dudas existenciales en un relámpago”.
  
Hija de una profesora y un granjero, Alice Ann Laidlaw nació el 10 de julio de 1931 en Winham, Ontario. Su infancia transcurrió en la zona rural canadiense, donde la abierta exposición a la naturaleza y las carencias del periodo de la Depresión fueron decisivas, ya que le inocularon un sentido de libertad muy particular, el cual quedó latente en ella por mucho tiempo. Es precisamente ese estado de aparente serenidad –que se resquebraja de manera intempestiva y da como resultado el derecho a decidir la propia vida de manera ajena a las convenciones–, uno de los rasgos que ha heredado con frecuencia a sus personajes femeninos.
  
En una entrevista televisiva realizada por la editora y escritora Diana Athill en 2009, Alice Munro intentó identificar el momento en que surgió su vocación narrativa:
  
“De niña, recuerdo haber leído ‘La Sirenita’ de Hans Christian Andersen, con ese final triste. Y recuerdo también haber entrado en shock. Así que me levanté, me puse a caminar rápidamente alrededor de la casa y me salí, mientras tramaba un final feliz: ¡porque ella se tenía que quedar con el príncipe! Creo que ese fue el inicio de mi trayectoria, tenía que hacer algo al respecto”.
  
Otra de las escasas charlas que Munro ha sostenido con la prensa, fue la concedida a la revista semanal The New Yorker (20/11/2012), a propósito de su más reciente libro intitulado Dear Life (Mi querida vida, Lumen, 2013), otra vuelta de tuerca a las constantes de su literatura: el pasado, el transcurso del tiempo, el amor y la cotidianidad. Se trata de un conjunto de cuentos, y algunos textos, declaradamente autobiográficos, en los que destaca una galería de personajes obligados a enfrentarse a la vida sin más recursos que su humanidad.
  
Conocida por algunos como la “Chéjov canadiense”, ella misma se declara en deuda con autoras de la talla de Flannery O’Connor, Catherine Anne Porter y Eudora Welty.
 
 A lo largo de su vida, Alice Munro ha tenido una memoria prodigiosa, al grado de que a partir de una foto en blanco y negro de su niñez, recuerda los colores de la ropa con que iban vestidos los personajes, de ahí que nunca haya empleado diarios ni libretas para anotar los detalles de sus narraciones. A partir de la publicación, en 2006, de The View from Castle Rock (La vista desde Castle Rock, RBA, 2008), la autora canadiense deseaba retirarse de las letras, propósito que no cumplió, ya que después retomó la inspiración con un excelente volumen de cuentos llamado Too Much Happiness (Demasiada felicidad, Lumen, 2010), y, posteriormente, el ya citado Dear Life, 2012, que editorial Lumen acaba de poner en circulación este año en español.
  
Ayer, cuando la Academia Sueca logró por fin establecer comunicación telefónica con ella, Alice Munro, además de confesar que la designación era maravillosa no sólo para ella sino para el cuento como género, también dijo que pese a que había tomado la decisión de retirarse ya de la escritura, todo esto podría hacerla cambiar de opinión.