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Ali, púgil del soul

Muhammad Ali inspiró a los músicos afroamericanos a protestar contra la desigualdad. Siempre tuvo afinidad hacia la música. Su versión de "Stand by me" revela que el boxeador de apariencia galana y engreída era más que entonado.
María Eugenia Sevilla
05 junio 2016 23:0 Última actualización 06 junio 2016 5:0
La relación entre Ali y el soul fue siempre estrecha. (Especial)

La relación entre Ali y el soul fue siempre estrecha. (Especial)

Muhammad Ali juega con el piano. Siempre tuvo afinidad hacia la música. Su versión de Stand by me revela que el boxeador de apariencia galana y engreída era más que entonado. Termina de jugar con el piano que está echado a un lado del escenario y se arroja a los flashes que le disparan periodistas de todo el mundo.

Es 1974. El auditorio del Waldorf Astoria bulle. Don King anuncia a los medios la Pelea del Siglo, y dice que también habrá un festival de música. Cada vez que pronuncia el nombre de un participante, Ali gruñe con emoción creciente: James Brown: “¡Hm!”; B.B. King: “¡Hmmm!”.

La pelea conocida como The Rumble in the Jungle no fue un hito en la historia sino dos: en el boxeo y en la cultura.

Sucedió que, también en 1974, el trompetista sudafricano Hugh Masekela y el productor estadounidense Stewart Levine organizaron el que fue hasta entonces el más grande festival de música negra en África. Reunieron en un mismo escenario a exponentes afroamericanos de diversas vertientes musicales que tenían sus raíces en aquel continente, desde el soul hasta la salsa.

El cartel llenó tres días de concierto en Kinsasa, la capital de Zaire (hoy República Democrática del Congo). El roster incluía además a Celia Cruz -quien se presentó junto una all star band del sello salsero Fania-, The Spinners, Sister Sledge, Manu Dibango, The Crusaders; Miriam Makeba, Bill Withers y el propio Masekela, entre otros grandes músicos.

Ante las vicisitudes financieras para llevar a cabo una fiesta musical que tenía como fondo el reconocimiento cultural y social de la negritud ante el mundo, la ambiciosa empresa estuvo a punto de fenecer. “Sólo una figura fue capaz de constelar a un cartel así; el icono máximo del black power: Muhammad Ali”, destaca el promotor y cronista musical Octavio Echávarri.

Cuando Masekela y Levine supieron que en octubre de ese año se llevaría a cabo la justa en la que Ali derrotó a George Foreman -con maquiavélica estrategia-, se dirigieron a un Don King todavía sin canas, pero ya con su flamígero peinado, para convencerlo de dotar de un marco musical al campeonato que también tenía como trasfondo un discurso legitimador, como lo muestra el documental Soul Power (2008).

La pelea, que levantó una insospechada efervescencia en la tierra africana, fue un acierto de King, quien había logrado que Ali y Foreman firmaran contratos por 5 millones de dólares para pelear. En busca de inversionistas, dio con el presidente Mobutu Sésé Seko, quien, tras asumir el poder del Congo Belga a través de un golpe, en 1965, buscaba refrescar la imagen del nuevo país, al que nombró Zaire en 1971.

El encuentro cultural amplificó el efecto que para la comunidad negra tuvo que Ali recuperara la corona mundial del peso pesado –que volvería a ganar en 1978-, un mensaje de fortaleza que en la arena de la lucha por la igualdad de derechos se multiplicó, al ser ésta la primera pelea de box transmitida al mundo.

Zaire fue un capítulo clave en la vida de Ali. El culmen del trayecto que comenzó aquella tarde, convertida ya en una estampa, en la que el medallista olímpico cayó en la cuenta de que aquel oro, ganado en Roma en 1960, no le valía en su país para comer una hamburguesa en un comedor de blancos. “De ahí la leyenda de que arrojó su medalla al río Ohio”, observa Echávarri.

“Ali fue mucho más que el gran campeón del boxeo. La gente lo vio como un pensador, un poeta, una figura inspiradora que sostuvo sus ideas de igualdad racial y pagó las consecuencias; fue la primera gran figura en rechazar la guerra de Vietnam, antes incluso que Malcom X y Martin Luther King, y uno de los primeros en pronunciarse en contra de la segregación racial”.

Así también en los 60 consteló el respeto de los músicos afroamericanos que también compartían esos ideales, comenta el cronista. En particular en el soul, música a la que el boxeador era asiduo y que, surgida en los 50, se tornó en un movimiento de protesta. “Y esto fue inspirado por Ali”, asegura Echávarri.

“Los músicos le dedicaron un sinfín de canciones, como La balada de Cassius Clay, de The Alcoves (1964); Louisville Lipp (1967), un blues que Eddie Curtis compuso en homenaje no sólo a su bocaza, sino a su palabra; Ali Shuffle (1977), de Alvin Cash; Cassius Clay (1973); y Black Superman (1974), de John Wakeling y The Kinshasa Band, que debió entrar al Top 30 porque incluso se llegó a tocar en México en Radio 590 La Pantera”, comparte. La Pelea en la selva también motivó a Wakeling a componerle un homenaje: In Zaire, en 1976.

La relación entre Ali y el soul fue siempre estrecha. Incluso en 1963, recuerda Echávarri, todavía con su “nombre de esclavo”, grabó un disco que llevaría por título una de sus frases narcisistas: I am the Greatest!, con CBS/Columbia Records, en el que se incluyen algunos de sus poemas convertidos en canciones y piezas de otros autores, entre ellas su célebre versión de Stand by me.

Tras su fallecimiento el pasado 3 de junio en un hospital de Phoenix, a los 74 años, el funeral del boxeador, quien padecía la enfermedad de Parkinson, tendrá lugar en su ciudad natal el viernes próximo. La ceremonia será transmitida vía streaming por alicenter.org.