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Alejandra Zermeño traza, en "Hybrid", un puente entre comida y arte

En cada pieza de sus esculturas de tamaño natural habita un pedazo de sus vivencias, pasiones y la búsqueda de lo femenino, ingredientes que serán saboreados en un maridaje de arte y gastronomía en el restaurante J&G Grill del hotel St. Regis, próximamente.
Myrna I. Martínez
22 febrero 2015 21:57 Última actualización 23 febrero 2015 5:0
"Hybrid" es un recorrido por los últimos cuatro años de la obra de Alejandra Zermeño. (Cortesía)

"Hybrid" es un recorrido por los últimos cuatro años de la obra de Alejandra Zermeño. (Cortesía)

Alejandra Zermeño comparte a través de sus esculturas de tamaño natural un viaje ontológico adornado de tejidos y telas; en cada pieza habita un pedazo de sus vivencias, pasiones y la búsqueda de lo femenino, ingredientes que serán saboreados en un maridaje de arte y gastronomía en el restaurante J&G Grill del hotel St. Regis.

Veinte de sus esculturas habitarán entre las mesas de ese espacio durante marzo en la exposición Hybrid, curada por la galería española Fifties para celebrar su cuarto aniversario en México. La exposición buscaprovocar en los comensales una nueva forma de interactuar con el arte.

Hybrid es un recorrido por los últimos cuatro años de la obra de Zermeño, quien a sus 37 años cuenta ya con varios premios nacionales. Sus obras y muestras individuales han sido expuestas en Canadá, Estados Unidos y Europa.

La artista ventila pasajes de su vida en su taller de la colonia Obrera, en donde reposan sus esculturas ya listas para partir al St. Regis.
Ella recuerda que empezó a esculpir cuando vivía con su mamá en un cuarto de azotea. La necesidad de tener un santuario de creación surgió después de leer Un cuarto propio, de Virginia Woolf, libro que reposa sobre su escritorio.

Confiesa que antes no creía en la existencia de una fuerza superior, pero la conexión que ha logrado con lo divino a través de su obra, la hizo una firme creyente.

Las piezas que expondrá pertenecen a sus últimas colecciones. No obstante, presentará una nueva.En todas ellas plasma su pasión por la naturaleza y el yoga; su relación amor-odio con México; la conexión con lo femenino y, sobre todo, con su madre, fallecida hace dos años de cáncer y de quien atesora un vestido blanco. “Siempre está atrás de mí, cuidándome”.

2010 - La memoria
Dejó los temas industriales de su primera etapa e inició la búsqueda del ¿quién soy?. En Memorias de lo cotidiano hace una visita a su pasado, a su tatarabuelo Álvaro Obregón.

“Comenzó con la pieza 31 Estrategias de la Memoria, que hablaba de mi tatarabuelo. Cuando él estaba en los 30 perdió el brazo en una batalla, con la otra mano agarró una pistola y trató de suicidarse”, relata la creadora, egresada de San Carlos.

Su bisabuela, hija del primer matrimonio del ex presidente, se casó con un militar por la Iglesia. El tatarabuelo, enojado, le dejó de hablar. “Mi bisabuela le lleva a presentar a su hija (mi abuela) al Castillo de Chapultepec y le dice ‘ésta es tu nieta y es mujer, reconócela’, se reconcilian y una semana después muere Obregón”, relata. Décadas más tarde, en 2009, la descendiente directa de esa familia ganó un premio por su obra artística y expuso en el Castillo de Chapultepec. “Es increíble la forma cómo los sucesos y los lugares te llaman, qué pensaría mi tatarabuelo que siendo mujer expongo en el Castillo”, dice con tono de divertida.

Alejandra Zermeño creció entre fotografías y ropa del General, y descubrió que su vena artística provenía de él: le gustaba la poesía.

2011-2012: La naturaleza
Su amor por la naturaleza se nota de lleno en sus esculturas y en su estilo de vida: es vegana, le apasiona cocinar con vegetales, beber té de hierbas y comer galletas de maíz, con sabor a pueblo. Esta pasión la mostró en BIDA (Biología interna de los animales), expuesta en el Museo del Chopo en 2012.

“Surge de una necesidad de reinterpretar la naturaleza, de hacerla personal. Es justo cuando mi madre se jubila y su salud empieza a mermar; es muy interesante porque empiezo a hablarle de la vida y a decirle que le falta un montón por vivir”, cuenta.

“BIDA permite ver los procesos evolutivos de un mismo pensamiento: animales que tienen una relación simbiótica con el hombre, animales en peligro de extinción y, al final, animales que tienen elementos que les permiten sobrevivir; yo me sentía como ellos”. Su mamá falleció dos meses después de la inauguración, en diciembre de 2012.

2013-2014: La mujer
Ella se sentía perdida. El duelo la llevó a cuestionarse sobre lo femenino, la sexualidad y el significado de su género. Este doloroso proceso lo materializó en su trabajo más emotivo, Cherchez la Femme, expuesto en 2014 en el Museo de la Mujer.

“En mi obra pongo cosas de tejido para sanar lo femenino. De niña tuve el pensamiento de que ser mujer es sinónimo de sufrimiento, era lo que veía con mi mamá”.

Primero realizó una serie de autorretratos para sanarse, y se dio cuenta de que podía ser el vehículo para que otras de su mismo sexo hablaran. Las entrevistó y les hizo preguntas sobre qué es ser mujer.

“Me contaron cosas que me sobrepasaron, situaciones de mucha violencia y me di cuenta de que no quería hablar del problema, sino de lo bello que hay en ellas y de su fortaleza. Fue muy bello”, exclama.

2015 –El Ego
Esta ardua travesía de cuatro años la sintetizó en su nueva pieza “Ego: no es síntoma de buena salud estar adaptados a una sociedad completamente enferma”, que será expuesta por primera vez en el J&G Grill.

“El título es una frase de Krishnamurti, un filósofo hindú, y tiene estas reflexiones que he venido trabajando con el yoga y con lo que me ha sucedido. Se compone de muchos elementos que son mi pasión: los textiles, el color, las texturas. Está llena de emociones”, concluye la artista.