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culturas

Alcohol y culpa, un coctel dolorosamente humano

Erma Cárdenas publica su más reciente novela bajo el sello de Destino. "Dolorosamente humana" se centra en el conflicto entre una madre y una hija. "La culpa es el elemento principal, porque cada una está pagando lo que ellas consideran un pecado", dice.
Rosario Reyes
24 agosto 2015 22:27 Última actualización 25 agosto 2015 5:0
Acaba de publicar "Dolorosamente humana" y ya tiene tres novelas terminadas en espera de su publicación. (Edgar López)

Acaba de publicar "Dolorosamente humana" y ya tiene tres novelas terminadas en espera de su publicación. (Edgar López)

El trabajo de 27 años como directora de un centro escolar con alumnos desde maternal hasta secundaria alimenta la narrativa de Erma Cárdenas. Las historias familiares que conoció en esa posición laboral le han servido para construir tramas de ficción que alterna con la publicación de novelas históricas.

Dolorosamente humana, su novela número 11, se centra en el conflicto entre una madre y una hija. Doña Rosa se somete a un tratamiento contra el alcoholismo en un siquiátrico, obligada por su hija Victoria, a la que no veía hace años, y quien regresa a México luego de vivir una tragedia en Canadá de la que aquélla no sabe nada. Ambas son atendidas por la doctora Ángeles Elizárraga, una siquiatra especializada en adicciones que al aplicar el tratamiento a estas mujeres, también busca exorcizar sus demonios.

Erma Cárdenas comenzó su trayectoria como escritora en 1997. Muy tarde, reconoce, porque sus obligaciones como docente no le dejaban tiempo. Desde entonces se dedica sólo a la escritura. Acaba de publicar Dolorosamente humana y ya tiene tres novelas terminadas en espera de su publicación. “Escribir es lo que más amo en la vida, aparte de mi marido”, dice en entrevista.

Su abuelo fue miembro de la Academia de la Lengua y gracias a él se enamoró de la literatura. “Lo veía escribir y quise hacer lo mismo. Siempre he escrito, es una forma de expresión natural”, explica quien construyó esta trama a partir de los vicios: el alcoholismo, la evasión, la mentira.

Pero en este panorama, se revela un amor profundo. “Al final, la madre libera a la hija y no sólo físicamente, sino que le quita la culpa y la hija logra aceptar a la madre. Es un proceso sumamente doloroso, pero tiene un final positivo, la redención de los personajes”.

En la trama, la doctora Elizárraga pone a prueba un nuevo tratamiento para el alcoholismo de doña Rosa; pero la siquiatra tiene un secreto que la une a las protagonistas. “Las pasiones nos pueden enloquecer”, explica la autora, y añade que lo que no tiene control conduce a la tragedia.

La culpa es el elemento principal, porque cada una está pagando lo que ellas consideran un pecado. Rosa comete un pequeño pecado, que para ella y para su tiempo es mayor, al tener un novio oculto. Traiciona a la familia, traiciona su moral y paga por eso toda su vida. Su salida es el alcohol, pero su alcoholismo la tortura aún más”, señala la autora de títulos como Tiempos de culpa, El canto de la serpiente, o Mi vasallo más fiel. Pero eligió un final esperanzador para esta historia marcada por las causas y consecuencias del alcoholismo, porque ella está convencida de que la felicidad es voluntaria.

“No importa cuántas situaciones estén en nuestra contra, si determinamos que queremos ser felices, lo vamos a lograr. Y aunque tengamos todas las ventajas del mundo, si queremos ver el punto negro en una superficie blanca, lo vamos a ver. Esta decisión de ser felices debería ser como un instinto, pero muy pocas personas se saben querer a sí mismas. Se saben castigar muy bien, con vicios, por ejemplo”, concluye.