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Ser fanático de las Grandes Ligas tiene sus riesgos

De acuerdo con estadísticas, 53 mil de los 73 mil batazos de foul terminan en zona de butacas, y los distraídos fanáticos del beisbol sufren accidentes por tratar de atrapar la pelota o, simplemente, porque no logran reaccionar a disparos que llevan una velocidad tremenda.
Bloomberg
09 septiembre 2014 19:52 Última actualización 09 septiembre 2014 21:0
Módulo especial Grandes Ligas. (Reuters)

Los fanáticos del beisbol de las Grandes Ligas pueden resultar lastimados durante los partidos. (Reuters)

Desde su esquina, el tercera base de Atlanta, Chris Johnson, escuchó un sonido que le pareció el chasquido de dos bates conectados simultáneamente. En efecto, el primero fue producido por una tremenda línea del jardinero Carlos Gómez, de Milwaukee, lo que no sabía era que el segundo impacto fue el efecto de una bola golpeando la cabeza de un niño de ocho años que estaba sentado cerca de la primera base.

Johnson pudo observar que el padre del pequeño que vestía una playera azul le brindaba los primeros auxilios y lo llevó en brazos a la enfermería. Después del juego, Johnson y el receptor Gerald Laird llevaron hasta el hospital en donde estaba el pequeño, un bat autografiado. El jovencito estaba conectado a monitores y tenía una puesta una intravenosa.

“Era solamente un pequeño aficionado, pero esto pasa en cada juego, alguien es golpeado. Ya sea un golpazo o uno muy leve, esto sucede cotidianamente”, afirmó Johnson. El jugador de cuadro tiene mucha razón, se calcula que mil 750 espectadores salen heridos al año por batazos de foul en juegos de Grandes Ligas, un escalofriante récord que supera a los jugadores que son golpeados durante un partido.

En la temporada se calcula que unos mil 536 peloteros llegan a recibir un pelotazo por un lanzamiento descontrolado de los lanzadores. El joven resultó herido en un partido realizado el 20 de mayo de 2014, en el Turner Field de Atlanta. La situación es seria, pero las Mayores no parecen dispuestas a otorgar más protección a los espectadores más allá de la red de protección que colocan detrás de home. Colocar una barrera transparente de plexiglas, como en el hockey profesional, es una opción que no ven viable.

Pero alguna medida se debe tomar. De acuerdo con estadísticas de las Grandes Ligas, 53 mil de los 73 mil batazos de foul terminan en zona de butacas y los distraídos fanáticos sufren accidentes por tratar de atrapar la pelota o, simplemente, porque no logran reaccionar a batazos que llevan una velocidad tremenda.

Algunas de estas lesiones pueden ser desde pequeños moretones en brazos o manos, pero la preocupación es que varios de los lastimados son niños.

Algunos casos son escalofriantes, una pequeña de seis años, en Atlanta terminó en la sala de cirugía después de que un pelotazo provocó que se le desprendiera parte del cerebro. Un batazo de foul tuvo hospitalizado 18 meses a un adolescente de 12 años en Seattle.

“Recuerdo que estaba comiendo un pretzel, había mucho sol y era muy difícil ver el juego”, relata Shlomo Shalomoff, de 15 años, quien estaba sentado en la primera fila del parque de los Mets cuando recibió un pelotazo que le provocó una fractura de nariz. “Sólo pude ver un segundo la pelota y enseguida mi cabeza fue para atrás. Recuerdo la sangre correr por mi rostro y lo mal que me sentí cuando mi madre empezó a gritar”, dijo el adolescente.

Una de las explicaciones a tantos accidentes es que los modernos estadios de beisbol acercaron más los asientos al terreno de juego, los jugadores son más fuertes y los fanáticos se distraen fácilmente con la música que se escucha a un alto volumen casi en cada jugada. Los celulares son otra fatal distracción.

Para disminuir estos riesgos, las Cortes de Georgia analizaron la posibilidad de adoptar un principio legal denominado “la regla del beisbol” para que los asistentes no puedan ubicarse en sitios peligrosos. Hasta ahora la iniciativa no ha prosperado. El mánager de los Bravos de Atlanta, Fredi González, advirtió a su esposa que no se sentara detrás del plato. “Me pongo muy nervioso; a veces fumo, pero la mayor parte del tiempo volteo a la tribuna y cuando llega a suceder algo malo me siento mal”.

Las Grandes Ligas decidieron que los equipos sean los responsables de cuidar la seguridad de sus fanáticos desde el momento en que se realiza la práctica de bateo y fue lógico que apoyaran a los Bravos de Atlanta en la demanda que interpusieron los padres de la pequeña que sufrió la lesión cerebral. “Los aficionados entienden que hay un riesgo cuando sale una pelota con trayectoria errática”, señalaron en su defensa.

En un análisis, se determinó que 750 fanáticos resultaron heridos la temporada pasada de un total de 31.6 millones de espectadores. Esto significa que sólo hubo 23.7 lesionados por cada millón de asistentes. Al final, se terminó con mil 756 heridos con una asistencia global de 74 millones.

Las muertes son aún más bajas, en 1970, un fanático falleció en un partido entre Dodgers y Gigantes a causa de un foul. En las Ligas Menores se produjeron dos decesos en 1960 y 2010 por el mismo tipo de batazo. Una línea de foul puede superar los 100 kilómetros por hora, afirmó el profesor Gil Fried de la Universidad de Connecticut.

Los peloteros que tienen hijos se sienten afectados cuando ven accidentes fatales en el deporte que paga sus grandes salarios. “Es una de las cosas que tocan tu corazón, especialmente a los que somos padres”, dijo Carlos Gómez.

Señales de peligro en algunas butacas, alertas a los fanáticos desde que adquieren sus boletos y reacomodarlos cuando hay lugares vacíos son algunas de las medidas que se han implementado en las Mayores para disminuir el número de accidentes. Como siempre, en el país más capitalista del planeta, el dinero manda.