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“Ahora ningún objeto escapa a la intervención del diseño”

10 febrero 2014 5:5 Última actualización 26 agosto 2013 5:22

  [A su paso por México, el francés Gilles Lipovetsky, define al 'capitalismo artista' / Cuartoscuro]


 
 
Daniel Cisneros
 
 
Mientras en el patio del Tecnológico de Monterrey de la Ciudad de México un joven se entretiene con un videojuego en su celular, otro escucha a Pink Floyd a través de sus enormes audífonos, y una chica revisa su cuenta de Facebook desde su laptop, en el auditorio 1 de los Salones de Congresos varios estudiantes aguardan el inicio de la conferencia “La era del capitalismo estético”, que dictará Gilles Lipovetsky.
 
 
Para aprovechar la espera, algunos asistentes se acercan al stand de libros con la intención de comprar algún título del filósofo y sociólogo francés nacido en 1944. Es así como, minutos más tarde, se les puede ver hojeando La pantalla global, La cultura mundo, La felicidad paradójica o La era del vacío.
 
 
De pronto los flashazos de las cámaras de la prensa anuncian el arribo de Gilles Lipovetsky, quien viste saco y camisa negra que resaltan su tez blanca. Después de ocupar su lugar en el estrado del auditorio, arranca su conferencia asegurando que al mundo actual no lo distingue solamente la globalización o la liberalización de los mercados, sino también la relación entre la estética y la economía, a la que denomina “capitalismo artista”: —La primera característica de ese sistema es la generalización del diseño en las industrias del consumo —explica—. Tan sólo vean a su alrededor: no hay ningún objeto que escape a la intervención del diseño. Se trabaja en su forma, color y estética. Incluso de aquellos objetos que, como los relojes o los cepillos de dientes, eran estrictamente utilitarios. Por ejemplo: antes los lentes únicamente servían para ver mejor, pero ahora también son un producto fashion.
 
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Y esto, a su vez, ha provocado una gran diversificación:—Ya no hay un estilo dominante. Actualmente vemos cohabitar diseños completamente distintos como pueden ser los decorativos, expresivos, neopop, conceptuales, surrealistas y minimalistas. El mercado abre la puerta a todos.
 
 
Lipovetsky hace una pausa y, en enseguida, reflexiona sobre el tercer rasgo del “capitalismo artista”, al que llama “la escalada de lo efímero”: —Hay una dinámica de aceleración en los cambios de estilo. Esto lo vemos en los juegos, productos culturales, accesorios, televisión, publicidad, bares, hoteles y decoración de tiendas. Ya nada es ajeno a los mecanismos de la moda y la transformación. Al año, 20 mil productos de consumo masivo hacen su aparición en el mercado europeo y, curiosamente, el 90 por ciento desaparece velozmente. Por citar un ejemplo específico: cada año en el mundo se lanzan más de 800 nuevos perfumes y, de ellos, sobreviven uno o dos.
 
 
En el estrado hay una pantalla gigante que permite ver mejor los apasionados gestos y manoteos que Lipovetsky lanza mientras habla, los cuales persisten durante su exposición de la cuarta característica:
 
 
—El “capitalismo artista” es también el mundo de los medios de comunicación y de las industrias culturales que, cada vez más, muestran su poderío. De ahí que en Estados Unidos las exportaciones vinculadas con el cine y lo audiovisual generen mayores ganancias que la aeronáutica, la agricultura y la química. Tan sólo Disney emplea a 130 mil personas y tiene un volumen de negocios de 40 mil millones de dólares.
 
 
Otro elemento del “capitalismo artista” que este teórico ha detectado es el que denomina “lógica de hibridación”: —En el siglo XIX la economía, la cultura, el deporte y la moda tenían relaciones entre sí, pero muy pocas. Y, actualmente, hay una hibridación de todos los universos vinculados al consumo. Por ejemplo: antes la gente del arte veía con cierto desdén el mundo de la moda, en cambio ahora Armani expone en el Museo Guggenheim. Igualmente el deporte no estaba vinculado con la moda y, hoy en día, no se vende un par de tenis si no luce un diseño de hermosos colores.
 
 
Al finalizar la conferencia (y luego de esperar a que varios estudiantes obtuvieran un autógrafo y se fotografiaran con el autor), tres reporteros nos reunimos con Lipovetsky para cuestionarlo:
 
 
—Ante la globalización y la competencia, ¿qué esperanza tienen los artistas contemporáneos de calidad?
 
 
—Estamos en una época donde hay un formidable desarrollo de las aspiraciones artísticas. Además, antes los artistas aficionados eran de calidad inferior y, ahora, están a la altura de los profesionales. Esto genera optimismo porque lo importante no es la gloria, sino hacer lo que te gusta y obtener un mínimo de reconocimiento. En ese sentido los medios como Internet son increíbles debido a que las cosas que alguien crea en su recámara pueden ser vistas por doquier.
 
 
—¿Cuáles son los mayores riesgos de que, como señaló Mario Vargas Llosa durante la conversación que sostuvieron en el Instituto Cervantes de Madrid, la cultura se frivolice y sea sustituida por el entretenimiento?
 
 
—La gente va a las galerías y se queda tres segundos ante cada obra —responde Lipovetsky a la pregunta formulada por El Financiero—. Ahí Vargas Llosa tiene razón: todo se consume como espectáculo. Pero, al mismo tiempo, nunca habíamos tenido a tantas personas escribiendo, tomando fotografías o filmando. Y eso demuestra que no solamente es un espectáculo, sino que también hay un verdadero deseo.
 
 
—Hablaba de que la estética del 'capitalismo artista', de alguna forma, está venciendo al arte puro…
 
 
—Hay que precisar si entendemos por arte puro algo separado de cualquier noción de mercado. No lo creo. Ese fue un periodo de la historia conocido como las vanguardias, en el que había creadores que rechazaban la lógica del sistema. Me refiero a los llamados artistas malditos que tenían valores revolucionarios y despreciaron el éxito. Pero, ¿actualmente conocen a muchos artistas que desprecien el éxito? No, al contrario, se enorgullecen si las marcas los llaman.
 
 
—Esta visión del artista que sólo busca el éxito sitúa a la creación como un medio y no como un fin —dice El Financiero—: ¿eso acaso no termina afectando al mismo arte?
 
 
—Picasso creía en lo que hacía y, al mismo tiempo, era sensible al dinero. ¿Es contradictorio? No. Pero si ustedes renuncian a lo que les gusta con tal de ganar dinero, entonces es mejor que se dediquen al marketing.