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CULTURAS

Acercarse como nunca a Beethoven en Puebla 

En la capital poblana se encuentra la Casa de la Música de Viena, un lugar mágico donde podrás sentirte como Ludwig van Beethoven e incluso dirigir, en un simulador, a la Orquesta Filarmónica de Viena. 
María del Refugio Melchor
29 julio 2015 21:9 Última actualización 30 julio 2015 5:0
Un rincón austriaco en la capital poblana. (FOTO: Cortesía)

Un rincón austriaco en la capital poblana. (FOTO: Cortesía)

Imagine experimentar la angustia de oír cada vez menos, tal como lo sufrió Beethoven a los 28 años, en la fase más prolífica de su capacidad creativa -entonces componía su Novena Sinfonía. Una instalación que se encuentra en la Casa de la Música de Viena, en Puebla, permite acercarse a esta vivencia: a través de cuatro auriculares es posible escuchar los acordes de un piano en niveles decrecientes de volumen hasta llegar al silencio. Imagine, después, subirse a un podio y dirigir nada menos que a la Filarmónica de Viena. Virtualmente, claro.Con aplausos o abucheos incluidos, de acuerdo con su desempeño con la batuta.

Ahora ya no tiene que viajar a Austria para vivir estas experiencias. Sólo hay que tomar la carretera de cuota a Puebla para llegar a la primera filial en el mundo de la institución vienesa. Se trata de un museo interactivo de la música cuyo vasto acervo tiene licencia para exhibirse también en México, a través de réplicas y objetos originales, con un planteamiento curatorial y museográfico similar al europeo, aunque con algunas modificaciones para el entorno mexicano.
“No es una réplica exacta del recinto vienés”, aclara en entrevista Ernesto Cortés García, director de museos del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla.

En el recinto poblano es posible encontrar en una misma sala facsímiles de partituras que contienen valses de Johann Strauss y de Juventino Rosas, de quien se exhibe un retrato en el museo de Viena. En este espacio se puede ver también una escena de la película nombrada como el mundialmente conocido vals mexicano, en la que Pedro Infante interpreta al compositor guanajuatense, dirigiendo una orquesta frente a don Porfirio Díaz y su esposa Carmelita Romero Rubio.

“Es una adaptación que hicimos a México. Algunos recursos son más bien innovaciones que fueron acordados compartiendo la creatividad, el ingenio y la innovación tecnológica con la Universidad de Viena y con museógrafos, lo que le da una identidad propia a nuestro museo”, señala Ernesto Cortés.

Después de cuatro años de trabajos y una inversión pública y privada de 158 millones de pesos, la casa mexicana abrió sus puertas desde enero de este año, pero pocos la conocen. Sólo ha tenido 16 mil visitas.

La Casa de la Música de Viena en Puebla está construida en una fábrica textil del siglo XIX, La Constancia, que arquitectos, museógrafos e historiadores transformaron en espacio de exposición. La infraestructura de la vieja nave (maquinaria, turbinas, pilotes) forma parte de la propuesta arquitectónica que aloja este proyecto artístico, cultural y educativo.

El recinto se ubica a la altura del kilómetro 84 de la autopista, cerca de la primera entrada a la ciudad y a 1.5 kilómetros del Boulevard Hermanos Serdán. Para los foráneos es recomendable utilizar un GPS porque no existe suficiente señalización para llegar.

El acervo contiene documentos tan valiosos como una copia del testamento de Ludwig van Beethoven o de la partitura de la primera composición de Wolf-gang Amadeus Mozart, además de instrumentos de época y objetos que están disponibles tanto para el público curioso como para estudiosos de la música, que llegan incluso del extranjero para consultar algunas de estas joyas.

“Tenemos la licencia de uso de las copias originales de los manuscritos de los compositores, muchos documentos que de alguna manera habría que ir a consultar a la biblioteca de París o museos en Viena”, dice Ernesto Cortés.

Aquí el visitante podrá también escuchar frecuencias tan raras como las que provienen del espacio o las que emergen de un vientre materno. Y podrá llevarse a casa las grabaciones de aquellas producidas por la Isla de Pascua, el Apolo XI o una lluvia de meteoritos; 72 sonidos que no escuchará en otro lado.

En sus 16 salas, la música siempre está presente, con una didáctica divertida. Uno de los atractivos es la plataforma NAMADEUS, que se basa en un juego musical atribuido precisamente a Mozart: el visitante teclea su nombre y éste se convierte en una interpretación del compositor. Por un costo adicional uno puede llevarse la partitura a casa.

También se puede crear música a partir del azar: por medio de sensores se puede crear un vals lanzando dados que pueden ofrecer hasta 1.5 millones de combinaciones.

Después de esta primera filial, la Casa de la Música de Viena proyecta dar otra licencia para un nuevo museo en Dubái, adelantó el funcionario. El objetivo será el mismo, dice: vencer resistencias, abrirse al sonido y quitar la etiqueta de elitista a la música clásica.

Aquí, la semilla está sembrada. Así lo muestran los pequeños de 8 a 10 años que recorren alegremente el recinto y mantienen la sonrisa a pesar de que fueron bajados del podio a mitad de la ejecución por los músicos de la Filarmónica de Viena. “Qué pena me das, eres una vergüenza como director”, reclaman en video. Frase que lejos de desalentarlos los impulsa a tomar una vez más la batuta para cambiar los abucheos por aplausos.