Será China invitado de honor en la FIL Francfort 2009
Cultura - Jueves 16 de octubre (09:05 hrs.)
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- Dicha feria suele definirse a sí misma como una plataforma para el intercambio libre de ideas
- Presentan hoy los planes del próximo año
El Financiero en línea
Francfort, 16 de octubre.- La Feria del Libro de Francfort, que suele definirse a sí misma como una plataforma para el intercambio libre de ideas, tiene, con vistas a 2009, cuando China sea invitada de honor, una de las tareas más delicadas de su historia, como se vio ya hoy con la presentación de los planes para el año próximo.
La palabra "libertad" se repitió en varias ocasiones y con diversa significación durante la presentación y, quienes intervinieron en la misma, parecían a ratos hacer ejercicios de equilibrismo semántico.
El director de la Feria, Jürgen Boos, dijo en su intervención que una condición indispensable para que se cree un ambiente de confianza es "el libre flujo de informaciones y el intercambio sin barreras de opiniones, posiciones y pensamientos".
Boos no entró específicamente a preguntarse si algo así ocurría en la China actual, pero sus palabras caían en un terreno ya abonado por las discusiones al respecto, que empezaron a más tardar antes de los Juegos Olímpicos.
De la delegación china nadie contestó abiertamente. La viceministra de Administración General de Prensa y Publicaciones, Li Dongdong, habló del crecimiento del sector editorial en China. Las ganancias, dijo, se han multiplicado por 13 en el curso de los últimos 30 años.
Eso, según la ministra, se debe a la apertura económica que, además, ha dado un gran impulso al intercambio de libros y otros productos culturales con el extranjero.
Cuando hablaba de libertad, Li Dongdong se refería sobre todo a la libertad económica y, a partir de ello, subrayaba el potencial que tiene China para el sector editorial.
La novelista Zhang Jie sí abordó directamente el tema de la libertad de los escritores en China y subrayó que ése es un problema sobre el que siempre se le interroga cuando está fuera de su país.
Sin embargo, tras plantear el tema, pasó a tratar de quitarle hierro al sostener que las preguntas de los medios occidentales al respecto suelen ser superficiales.
"Tengo que decir que los presupuestos desde los que se hace esa pregunta son bastantes superficiales. Creo que la libertad es algo muy complejo y esa complejidad tiene que ver con que no depende del mundo exterior sino del cultivo interior y de la fuerza de la propia personalidad", dijo Zhang Jie.
Luego se quejó de que cuando entra en esas discusiones los periodistas occidentales que la interrogan no le dan oportunidad de expresar ampliamente su opinión al respecto por lo que, en ese momento, deja de ser libre.
Después pasó a hablar de budismo, de la iluminación que da la verdadera libertad y de los progresos que ha hecho China en los últimos 30 años.
Para ella, el mayor peligro que corre el escritor en China actualmente no tiene que ver con la censura estatal ni nada por el estilo, sino con las "nuevas tentaciones" del mercado literario en el que la calidad parece ser "una cuestión secundaria".
"A la vista de las tentaciones, ¿no está en nuestras manos decidir cuánta libertad queremos?", se preguntó. Luego, ya en la ronda de preguntas, Li Dongdong aseguró que actualmente en China un escritor puede escribir lo que quiera y sin restricciones estatales.
Turquía, que es el invitado de honor de este año, le ha puesto el listón muy alto a China en cuanto a la forma de manejar los propios problemas relacionados con la libertad de expresión.
La sola presencia de Orhan Pamuk en el programa oficial turco, que ha vuelto a denunciar las carencias de Turquía en ese sentido, es una muestra de que el tema se aborda abiertamente y sin eludir la polémica.
El hecho de haber recibido el Premio Nobel de Literatura le da sin duda a Pamuk cierta patente de corso para criticar al estado turco sin temer mayores consecuencias.
La literatura china también tiene un Premio Nobel, aunque se haya convertido en ciudadano francés: Gao Xingjian.
Gao conoció, antes de dejar China, la represión estatal de manera mucho más radical que Pamuk.
Primero fue una víctima de la revolución cultural, que le obligó a quemar manuscritos y lo confinó a un campo de reeducación. Más tarde, ya durante la era de Deng Xiao Ping, volvió a caer en desgracia, acusado de contaminar espiritualmente con sus obras al pueblo chino y terminó emigrando a Francia como refugiado político en 1988.
Mientras que los turcos no se cansan de referirse con orgullo al incómodo Pamuk, hoy nadie mencionó a Gao. Y es difícil que dentro de un año vaya a ser el orador principal en la ceremonia inaugural.
Un gesto de generosidad, sin embargo, ha sido la invitación a que editoriales de Taiwán también participen en el programa. (Con información de EFE/CFE)
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